Rodrigo Garciarroyo: “En Otello, la exigencia vocal, musical y física es enorme”

A pocos días de la representación de la ópera Otello de Giuseppe Verdi en la hermosa ciudad de San Miguel De Allende, tuvimos la oportunidad de platicar con el tenor Rodrigo Garciarroyo, artífice de esta producción, quien interpretará el rol titular y se encargará del trazo escénico. 

Yo tuve la valiosa experiencia de conocer a este gran cantante cuando interpretó el breve rol de Spoletta en Tosca, obra representada en Guadalajara en el año 2008. Me llamó la atención su voz cálida, proyectada con vehemencia y caracterizada por un sonido oscuro de hermosos matices, así como su impresionante presencia escénica. Rodrigo ha interpretado los difíciles roles operísticos de Sansón, Don José, Mario Cavaradossi y Canio, entre otros, mostrando siempre admirable musicalidad, distinción interpretativa y una voz de tenor lírico-spinto fascinante.

Tuvimos la suerte de conversar con él respecto de su asunción del célebre personaje de Otello y agradecemos su disposición para atender esta entrevista.

Sin duda alguna, Otello es una de las óperas más emocionantes y difíciles del repertorio. ¿Por qué seleccionaste esta obra maestra como nuevo proyecto?

Otello ha sido uno de mis papeles soñados durante muchos años y finalmente se hace realidad. Estoy profundamente contento de cantarlo y de dirigirlo. De prestarle el cuerpo y la voz a estas pasiones tan humanas, tan frágiles y tan violentas, y de darle forma junto a un elenco de artistas comprometidos a una historia shakespeariana que, después de más de cuatrocientos años, sigue sacudiéndonos, y a una partitura que, tras más de un siglo, continúa estremeciendo al público.

Después de varios años consecutivos dedicados a la comedia, con títulos como Don Giovanni, El elixir de amor, Don Pasquale, Così fan tutte, Il barbiere di Siviglia y Le nozze di Figaro, sentimos la necesidad de volver a la tragedia, y Otello se impuso como un título contundente y necesario.

Es una obra demandante en todos los sentidos. Vocal y musicalmente exige al máximo a cantantes, orquesta y coro, pero también es un proyecto complejo desde el punto de vista de la gestión. Sacarlo adelante implicó alinear voluntades de muy distintas instancias y contar con el compromiso de instituciones estatales, municipales, educativas, empresariales y civiles, además de una buena dosis de fe, generosidad y alguno que otro milagro providencial.

Estamos profundamente agradecidos con todas las personas que confiaron en este proyecto y muy orgullosos del esfuerzo artístico que hoy podemos ofrecer al público de San Miguel de Allende y Celaya.

¿Cuáles son los requerimientos vocales para afrontar el rol del Moro de Venecia satisfactoriamente?

El rol de Otello es uno de los más complejos del repertorio porque exige muchas cosas al mismo tiempo. Pide una voz potente y resistente, con agudos heroicos y un centro sólido, pero también línea, dulzura y una paleta amplia de colores para atravesar la tormenta emocional que vive el personaje. Es un papel que no permite la histeria ni el desborde: si uno se deja llevar por la tentación de gritar, simplemente no llega al final de la noche.

Además de lo vocal, Otello exige una enorme madurez emocional. Es un hombre que lo tiene todo: poder, reconocimiento, amor. Regresa triunfante de la guerra como gobernador de Chipre y esposo de Desdemona, y sin embargo basta un susurro para que todas sus inseguridades emerjan y lo destruyan. Esa fragilidad interna es la que hay que entender y habitar.

Cuando estudié el papel en Nueva York, hace ya diez años, creo que tenía la madurez vocal necesaria, pero no la emocional. Hoy puedo acercarme a Otello desde otro lugar, con más comprensión y, paradójicamente, con más piedad hacia su violencia y sus acciones. Aunque es un personaje muy distinto a mí, puedo acceder a sus emociones y entender el abismo desde el que actúa.

Como ocurre con los grandes títulos tardíos de Verdi, la exigencia vocal, musical y física es enorme. No es una ópera que se monte con facilidad, pero cuando se logra, el impacto es extraordinario. Nuestro compromiso es entregarnos por completo para hacer justicia a Shakespeare y a Verdi, y ofrecer al público una experiencia intensa y memorable.

¿Hay algún tenor cuya interpretación en este rol te parezca modélica?

Hay interpretaciones históricas que siguen siendo una referencia inevitable. Mario del Monaco y Ramón Vinay dejaron grabaciones extraordinarias que he escuchado y disfrutado mucho. Plácido Domingo, en su etapa más temprana, es sorprendente, especialmente en las grabaciones que hizo junto a Sherrill Milnes.

Dicho esto, debo reconocer que en años recientes he encontrado una profunda admiración por Jonas Kaufmann. Me fascina su musicalidad, su expresividad y su fiato verdaderamente excepcional. Estudiar el papel escuchándolo fue una experiencia muy estimulante.

¿Cómo será la escenificación prevista para las funciones en Guanajuato?

La escenificación será profundamente apasionada, sexual, vil, perturbadora, violenta y triste. Tan realista como la ópera permite serlo y como un grupo de actores cantantes, entregados a su oficio y a sus emociones, se atreve a explorar los rincones más oscuros del alma humana.

Nuestro compromiso es absoluto con la música y con el teatro. Buscamos que la partitura se ejecute con la mayor disciplina posible, pero que la experiencia escénica sea viva, intensa y contundente para el público. Ese ha sido siempre el sello de Ópera Insurgente.

Trabajamos desde una estética esencial. No creemos en el exceso de maquinaria ni en la acumulación de objetos, sino en la fuerza del cuerpo, de la voz y del conflicto dramático. Este Otello sucede en un Chipre extraño, en un mundo medieval alternativo, con una visualidad contemporánea y atrevida, coherente y bella, que nos permite concentrar la atención del espectador en lo verdaderamente importante: el drama.

Queremos que el público no solo escuche esta música extraordinaria, sino que la viva como una experiencia teatral intensa, incómoda y profundamente humana.

¿Tienes contemplado encarnar en un futuro cercano el rol de Radamès en Aida?

¡Claro que me encantaría! Veremos qué nos traen las musas… y los presupuestos. Aida y Turandot son dos óperas ideales para mi voz que aún no he cantado y que me ilusionan mucho. Ojalá que el camino y las circunstancias nos lleven también hacia esos títulos.

Después de las funciones previstas para el próximo mes de febrero, ¿será posible que este Otello pueda ser visto en otras ciudades de nuestro país?

Estamos explorando todas las posibilidades para que este Otello pueda verse en otras ciudades del país. Ese es siempre nuestro deseo: que las producciones no se queden en un solo lugar y que la ópera pueda circular y encontrarse con públicos distintos.

Creemos mucho en un modelo de producción viable, hecho con presupuestos responsables, que permita que los montajes se amortigüen y puedan viajar. La función que ofreceremos en Celaya es una muestra clara de que, cuando hay voluntad y diálogo entre instituciones, sí es posible colaborar y hacer que las cosas sucedan en beneficio del público.

Una vez concluidas estas funciones, nuestro trabajo será, como siempre, volver a levantar el teléfono, tocar puertas y buscar aliados que se sumen al esfuerzo. Seguimos convencidos de que hay públicos deseosos de ópera y de que vale la pena insistir, una y otra vez, en llevar esta música y este teatro a más lugares. Aportar belleza, aun en tiempos difíciles, sigue siendo una tarea necesaria.

¿Qué nos puedes decir del resto del elenco que engalanará estas representaciones?

El elenco que nos acompaña en este Otello es, sin exagerar, de lujo. Jacinta Barbachano, nuestra Desdemona, es una artista excepcional. Posee una voz cristalina y cálida, de una musicalidad conmovedora, y una presencia escénica profundamente honesta. Hemos trabajado juntos durante varios años en distintos títulos, y verla crecer y asumir hoy un rol de esta envergadura es un privilegio. Es una cantante impecablemente preparada, disciplinada y sensible, y estoy seguro de que muy pronto el mundo entero estará hablando de ella.

Enrique Ángeles, nuestro Iago, es simplemente extraordinario. Es un músico finísimo, un actor poderoso y un colega con el que he compartido escenario durante más de veinte años. Su dominio del oficio es absoluto y su capacidad de apoderarse de la escena es fascinante. Su Iago es perturbador, inteligente y profundamente teatral.

Gabriela Thierry, quien interpreta a Emilia, es una de esas artistas que completan el teatro con su sola presencia. Su intuición escénica es rarísima y su musicalidad impecable. Tiene la capacidad de narrar la emoción con un gesto o una mirada, y eso es un don. Además, su generosidad humana hace que trabajar con ella sea siempre un placer.

Brandon Castillo, nuestro Cassio, representa lo mejor de una nueva generación. Tiene la voz, el porte, la disciplina y el deseo genuino de crecer. Estoy convencido de que su camino estará lleno de éxitos. Nos acompañan también Efraín Felipe, Antonio Olivas, Alejandro Medina y Diego Arias en los demás papeles, todos ellos estudiantes del Conservatorio de Música de Celaya. 

Para Ópera Insurgente es una premisa fundamental abrir espacio a jóvenes cantantes y permitirles hacer su primera gran experiencia profesional en escena. Trabajar con el Conservatorio es un privilegio: su orquesta, su coro y sus solistas aportan talento, disciplina y una entrega admirable. Sabemos que para ellos esta experiencia es formativa y transformadora, y para nosotros es una enorme fuente de orgullo.

¿Has pensado en afrontar en el futuro algún rol wagneriano?

Wagner es uno de esos sueños que todo tenor contempla con respeto. No solo porque se monta muy poco en México, sino porque exige una especialización vocal muy particular. Cuando se programa, suele hacerse con cantantes extranjeros formados específicamente en ese repertorio, y eso tiene sentido.

Yo soy un tenor lírico spinto, con proyección, músculo dramático y colores más bien oscuros, pero no un heldentenor en el sentido tradicional. Por naturaleza, el rol que siento más cercano a mi voz sería Lohengrin, y con mucho cuidado podría pensar en títulos como Parsifal o Siegmund. Otros papeles wagnerianos pertenecen a una categoría vocal muy específica y no son territorios que uno deba explorar a la ligera.

Dicho esto, en México rara vez tenemos el lujo de elegir el repertorio con tanta exquisitez. Si alguna vez se presentara la oportunidad adecuada, y sintiera que puedo afrontarla con responsabilidad, la asumiría con seriedad y con el compromiso absoluto de hacer justicia a la música.

Cada año que pasa hay menos ópera en nuestro país, especialmente en provincia. ¿Qué opinas al respecto?

La cultura en México atraviesa una crisis profunda, y la pandemia aceleró la desaparición de instituciones, presupuestos y mecanismos de apoyo. En ese contexto, la ópera ha sido particularmente vulnerable: es un arte grande, complejo y costoso. Para dar una sola función como la que ofrecemos en Celaya, suben al escenario alrededor de 160 artistas entre solistas, coro y orquesta, además del equipo creativo y técnico. Eso hace evidente una realidad incómoda: la ópera no puede sostenerse únicamente desde la taquilla, ni aquí ni en ningún lugar del mundo.

Pero la crisis no es solo financiera. Creo que el problema de fondo es una falta de visión sobre qué es y para qué sirve la cultura. En algún momento, la política cultural desplazó al público del centro y colocó ahí al artista, como si la razón de ser de la cultura fuera mantener a los creadores, y no garantizar el derecho de las personas al acceso a los bienes culturales. Cuando eso ocurre, el arte deja de entenderse como un bien social y se convierte en una carga asistencial.

A esto se suma una incomprensión todavía mayor: el Estado no ha terminado de entender para qué le sirve la cultura a él mismo. No sólo como identidad, educación o salud emocional para la sociedad, sino como herramienta estratégica de cohesión social, de capital político, de proyección internacional y de desarrollo económico. Las industrias culturales y creativas generan una parte significativa del PIB y, sin embargo, la inversión pública en cultura es mínima. La narrativa cultural, como bien lo entendieron los Medici en el Renacimiento, pertenece a quien la financia.

En el terreno específico de la ópera, creo que el camino está en hacerla viable, cercana y flexible. Producciones capaces de adaptarse a distintos teatros, de circular por el país, de amortizarse en conjunto y de llegar a públicos que hoy no tienen acceso a ella. No podemos esperar siempre a los presupuestos de los grandes teatros para empezar a trabajar.

Lejos quedaron los tiempos en los que un cantante podía vivir holgadamente sólo de la ópera en México. Hoy la responsabilidad de mi generación es otra: levantar proyectos, abrir espacios, generar trabajo y formar a los jóvenes. Hacer ópera, aun en condiciones adversas, sigue siendo nuestra manera de aportar una gota de belleza y de sentido a una sociedad cansada y a un mundo que parece desmoronarse todos los días en los noticiarios.

Por último, ¿podrías comentarnos sobre tu equipo técnico y artístico en este montaje de Otello?

Mi equipo técnico y artístico es, sencillamente, excepcional. Este Otello es el resultado de muchas voluntades alineadas, de talento compartido y de una profunda confianza entre quienes hacemos posible el proyecto.

Caro Vidal, nuestra productora y asistente de dirección, es el eje que articula todo el montaje. Su capacidad de organización, su inteligencia escénica y su compromiso absoluto han sido fundamentales para sostener este proyecto desde todos los frentes. Su mirada afina, ordena y potencia cada decisión artística.

En el terreno musical, el privilegio es seguir al maestro Jesús Almanza. Es un líder claro, inspirador y profundamente musical. Su trabajo combina rigor, sensibilidad y una comprensión dramática muy fina de la partitura. Dirigir y cantar bajo su batuta es un acto de confianza: uno se siente acompañado, sostenido y exigido en el mejor sentido. Además de su autoridad como director, es un artista de enorme profundidad, capaz de construir discurso, tensión y emoción desde la música misma.

Rafael Blásquez está a cargo del video arte, que aporta una visualidad poética y contemporánea al espectáculo, y Diego Vorrath firma el diseño de iluminación con una sensibilidad y un rigor que enriquecen de manera decisiva la experiencia escénica.

Quiero mencionar también a Israel Barrios, nuestro pianista repasador, cuyo trabajo es constante, presente y absolutamente fundamental. Con infinita paciencia y un talento excepcional, acompaña, corrige y prepara a los cantantes para enfrentarse a una partitura tan demandante como la de Otello. Su labor es clave para que el trabajo musical llegue a escena con solidez y confianza.

El supertitulaje en dos idiomas simultáneos está siempre a cargo de Oscar Tapia, cuya precisión y cuidado permiten que el público siga con claridad y profundidad cada matiz del drama.

Este proyecto no sería posible sin el respaldo de instituciones que han creído en él y lo han hecho viable. En primer lugar, quiero agradecer a la Secretaría de Cultura del Estado de Guanajuato, cuyo apoyo ha sido fundamental para la realización de estas funciones y cuyo peso institucional ha permitido que el proyecto encuentre cauces y alianzas. Mi agradecimiento personal a Álvaro Lara, Raquel Buck y Katia Nilo, cuya gestión y disposición hicieron posible este acompañamiento.

Agradecemos también al Consejo de Turismo de Celaya, que ha patrocinado distintos aspectos del proyecto y ha sido un vínculo clave con el municipio, entendiendo que la cultura es también una forma de desarrollo y proyección para la ciudad.

Nuestra institución nodriza es ProMúsica de San Miguel de Allende, que desde hace quince años ha cobijado nuestras producciones con generosidad, constancia y una confianza invaluable. A su presidente, Michael Pearl, le debemos no solo apoyo, sino cariño y fe en nuestro trabajo. Sin ese respaldo sostenido en el tiempo, nada de esto existiría.

Finalmente, quiero agradecer a Ópera de San Miguel. Gracias a la visión de su director, Charles Oppenheim, ha sido posible una colaboración interinstitucional ejemplar. Cada instancia, poniendo su granito de arena, ha contribuido a robustecer el paisaje cultural de la ciudad y del estado, y a fortalecer los lazos de amistad y cooperación que hacen sostenible y vivo nuestro quehacer artístico.

Quiero hacer una mención muy especial a Aurora Cárdenas, directora del Conservatorio de Música de Celaya. Su labor al frente de la institución ha sido ejemplar y profundamente transformadora. Gracias a su visión, carácter y compromiso, el Conservatorio se ha consolidado como una de las escuelas de música más sólidas del país y ha sido un pilar fundamental para que este proyecto pudiera realizarse. Trabajar de la mano con una institución viva, rigurosa y generosa como este Conservatorio, y con una directora de su talla humana y profesional, ha sido un verdadero privilegio.

OTELLO (Giuseppe Verdi)

Orquesta Sinfónica y Coro del Conservatorio de Celaya
Teatro Angela Peralta (San Miguel de Allende, Guanajuato)
Viernes 6 y sábado 7 de febrero, 5:00 pm
Boletos de $300 a $ 1,300 pesos
Teatro de la Ciudad (Celaya, Guanajuato)
Miércoles 11 de febrero, 7.30 pm.
Boletos de $56 a $250 pesos

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