Agosto 26, 2028. Winterreise (Viaje de invierno) de Franz Schubert (1797-1828) es una de esas obras cuyos compases iniciales abren la puerta a un mundo propio. El 25 de agosto, la mezzosoprano austriaca Sophie Rennert abordó el ciclo completo por primera vez en la sala Angelika Kauffmann de Schwarzenberg, junto al pianista británico Joseph Middleton.
Lo que todavía parece digno de mención sucede en la Schubertiade sin aspavientos. Podría decirse que aquí se manifiesta una forma de igualdad musical, de manera silenciosa y natural.
Sin embargo, la interpretación de Rennert resultó especialmente conmovedora en parte porque ella es mujer, aunque de ningún modo solo por esa razón.
Tradicionalmente, el ciclo de Schubert basado en poemas de Wilhelm Müller se ha asociado sobre todo a voces masculinas. No obstante, la perspectiva femenina sobre Winterreise no es nueva: desde principios del siglo XX, numerosas mujeres han interpretado el ciclo, entre ellas artistas tan destacadas como Christa Ludwig, Brigitte Fassbaender y Mitsuko Shirai. Y, sin embargo, hoy en día un Winterreise cantado por una mujer sigue sin ser algo tan habitual como para que el género de la intérprete pase totalmente desapercibido.
En una breve conversación tras el concierto, la propia Rennert comentó que no percibe el texto como algo particularmente masculino. A diferencia de obras como Dichterliebe (El amor de un poeta) o Die schöne Müllerin (La bella molinera), Winterreise es, en su opinión, mucho menos específico y, por tanto, en gran medida neutro en cuanto al género. En palabras de Rennert: “Creo que por fin ha llegado el momento de que nosotras, las mujeres, hagamos nuestro también Winterreise”.
Aquella noche, lo hizo de manera impresionante. No se trataba de una mujer interpretando un papel masculino. Era un ser humano hablándonos del amor, la pérdida, la soledad, el recuerdo y la búsqueda de un lugar en el mundo. Rennert posee una hermosa voz de mezzosoprano que genera un impacto emocional inmediato. Su registro grave es suave y delicado, mientras que la transición de la voz de pecho al registro agudo se produce con fluidez y sin fisuras. Su legato fluye con ternura y flexibilidad. Por momentos, la voz resplandece, clara y brillante; en otros, se abre hacia profundidades oscuras y dramáticas. Rennert es una intérprete que conmueve profundamente, sin caer jamás en amaneramientos ni exageraciones. El resultado es una suerte de pintura anímica a través de la voz, donde cada palabra cobra sentido. Su dicción es insuperable.
Joseph Middleton es un compañero de igual sensibilidad y musicalidad. Su interpretación es refinada y poética, a la vez que posee profundidad y sustancia. No se limita a acompañar: recorre el camino junto a ella. Esta es una de las cualidades distintivas de los recitales vocales en la Schubertiade: una y otra vez, uno se encuentra con dúos artísticos que no se limitan a hacer música uno al lado del otro, sino que respiran y narran una historia en común.
Winterreise no conduce tanto a un destino geográfico como a las profundidades del mundo interior de su caminante. Con cada canción, este parece alejarse más del mundo conocido. Esta sensación se intensifica especialmente hacia el final del ciclo. En ‘Im Dorfe’ (En el pueblo), la gente duerme y sueña mientras el caminante permanece fuera. En ‘Das Wirtshaus’ (La taberna), el cementerio se le presenta como el lugar de descanso que anhela; sin embargo, ni siquiera allí encuentra acomodo.
Y, finalmente, aparece ‘Der Leiermann’ (El organillero): un anciano descalzo sobre el hielo, ignorado por todos, que toca incansablemente su zanfoña. Quizás, por primera vez, el caminante reconoce en este ser marginado a alguien semejante a sí mismo. Rennert y Middleton no convirtieron esto en un gran final dramático. Fue precisamente su contención lo que dotó al desenlace de una fuerza aún mayor.
La extraordinaria oscuridad que el propio Schubert percibía en este ciclo se refleja en la reacción documentada de sus amigos. Cuando estos reaccionaron inicialmente con desconcierto ante las canciones, él les explicó que aquellas le habían afectado más profundamente que ninguna otra de sus obras. Es precisamente esta dimensión existencial la que convierte a Winterreise en algo más que una historia de amor frustrado.
Y tal vez eso explique también por qué, en cierto momento, la cuestión de si este caminante es hombre o mujer pasa a un segundo plano. Sophie Rennert hizo suyo este Winterreise sin necesidad de convertirlo en una demostración de fuerza. Winterreise no necesita género. Necesita una voz, y a alguien capaz de narrar su historia con autenticidad.


