Mayo 25, 2026. Hacía bastante que no volvía a Florencia y su nuevo (ya no tanto) teatro lírico. En este caso fue la primera vez que me tocó una ópera de Verdi difícil y que ha tenido suertes diversas en toda la trayectoria lírica florentina.
La de esta vez, transcurridos casi 20 años, fue de muy buena a excelente en lo musical y polémica en lo escénico. La propuesta de Valentina Carrasco, mal recibida el día de la presentación, traslada la acción a los años 60 y a la presidencia (y asesinato) de John F. Kennedy, y aprovecha para poner todo (desde una Ulrica que es Martin Luther King ,a la aparición de mujer e hijos mientras el presidente manosea a su secretaria e intenta forzar a Amelia en el dúo de amor y a un muñeco que representa a Marilyn Monroe y con el que —poniendo su propia cara en el lugar de la de la estrella— se hacen fotos –todo bien americano- en el baile del título).
Algunas cosas funcionan, e incluso en elecciones discutibles (Amelia aparece golpeada por Renato al principio del tercer acto —lo que priva de sentido a ‘Eri tu’—, se encuentran soluciones interesantes: la reacción de Oscar ante la evidencia y la actuación de Amelia es muy buena. Pero yo diría “too much, too soon” (o “too late”, según se mire).
El debut en ópera del joven maestro Emmanuel Tjeknavorian es más que prometedor. El primer acto empezó un poco falto de vigor, y en el cuadro de Ulrica la barcarola del protagonista tiene un ritmo lento que la hace aburrida, pero a partir del segundo acto las cosas cambiaron: hubo un pulso rítmico excelente e imparable, una actuación soberbia y absolutamente teatral de la orquesta (que solo en algún momento se desbordó un tanto con respecto al escenario) y una gran atención a los cantantes. Asimismo, lució el coro del Teatro del Maggio Musicale, preparado como siempre por Lorenzo Fratini.
El aspecto femenino del reparto fue decididamente superior: Chiara Isotton confirmó su magnífico estado vocal y técnica en la difícil parte de Amelia y mostró buena voluntad como intérprete. Lavinia Bini fue una Oscar deliciosa, que pareció divertirse mucho e interesarse en el trabajo escénico, además de cantar muy bien y con una voz que ha crecido en volumen, sin perder sus agudos. Ksenia Duvnikova en Ulrica me resultó por primera vez interesante en un papel de ópera italiana y, si la parte es breve, las dificultades que Verdi le presenta quedan todas resueltas.
En el sector masculino, Bogdan Baciu fue un Renato bien delineado y cantado, tal vez sin mayor personalidad. El protagonista de Antonio Poli —uno de los roles tenoriles más completo y complejos en la escritura verdiana— salió airoso de pasajes incómodos, como los saltos al grave o el ritmo vertiginoso en la barcarola, y demostró bello color aunque no demasiado volumen ni un centro-grave muy importante en el segundo acto, dejando lo mejor (su agudo seguro, aunque exigido hasta el final) en el tercer acto, tanto en su gran aria como en la escena del baile.
Bien estuvieron los conspiradores (Mattia Denti y Adriano Gramigni), correcto y poco más el Silvano de Janusz Nosek,y el juez tuvo por una vez una voz bella y firme en el tenor Francesco Congiu.


