Ópera y ética: el caso de Don Giovanni (Segunda Parte)

Corresponde en esta segunda parte del ensayo ahondar en la historia de la ópera misma, primero con una sinopsis muy necesaria, junto con la descripción de personajes, (aun cuando quisimos adelantar algunos signos de personalidad de Don Giovanni, y a continuación haremos unas reflexiones en torno a la ética, inclusive con algunos destellos legales que encontramos en esta historia, incluida la del propio libretista. Haremos los comentarios a continuación del trasfondo dramático y psicológico (el talante de los personajes) y unas apreciaciones éticas.

El titulo original de la ópera, es Don Giovanni o sia Il dissoluto punito; es decir, el villano castigado. La obra fue catalogada como un dramma giocoso, lo que no quiere significar en nuestros tiempos un drama divertido o una comedia con tintes trágicos, sino que en el siglo XVIII el término “drama” era la indicación genérica empleada para designar una obra teatral. [Fernando Fraga y Blas Matamoro. “Historia de la ópera: las comedias de Mozart”, en Los Clásicos de la Ópera, Mozart: Don Giovanni, Madrid, Santillana, 2007.] 

El desarrollo de la ópera es en dos actos. Recordemos que la ópera de Giuseppe Gazzaniga, en la que se basó Lorenzo Da Ponte para el libreto, solo tenía un acto. Y hubo una versión de la ópera con base en Don Giovanni casi después de 100 años de estrenada la de Mozart, que compuso Aleksandr Dargomyzhski, el compositor ruso conocido por su fabulosa ópera Rusalka, basada en un poema de Aleksandr Pushkin: El convidado de piedra, inacabada en el lapso de 1868-69, completada por César Cui y Nikolái Rimski-Kórsakov, cuyo estreno mundial tuvo lugar en febrero de 1872 en San Petersburgo. La más representada es, evidentemente, la versión de Mozart.

Hay por supuesto infinidad de sinopsis del argumento en libros, revistas e internet. Cualquiera es apta para conocer la historia grosso modo o con detalles. Recomendamos para lectura rápida, la que ofrece la página del Metropolitan Opera House: https://www.metopera.org/discover/synopses/don-giovanni/

Para efectos de este ensayo, a fin de explorar más a fondo la calidad de los personajes, el que más nos interesa es trascendencia de los actos de Don Giovanni, y para ello preferimos una versión localizada en un sitio de internet [https://www.tenislosalcazares.com/fgi/letras/dongiovanni.pdf], misma que transcribimos para ilustrar con precisión el sesgo de la obra en un relato muy accesible y expresivo, ya que el libreto entero no es posible transcribirlo.

Personajes

Don Giovanni, noble libertino
Leporello, sirviente de Don Giovanni
Donna Anna, hija del comendador, prometida de Don Ottavio
Don Ottavio, prometido de Donna Anna
Donna Elvira, dama de Burgos abandonada por Don Giovanni
Zerlina, aldeana prometida de Masetto
Masetto, aldeano bajo
Don Pedro (Il Commendatore), comendador
Coro: campesinos, sirvientes, damas, músicos, demonios

ACTO I

Jardín del palacio del Commendatore. Leporello vigila mientras su amo trata de seducir a Anna haciéndose pasar por Ottavio, prometido de la dama. El criado lamenta la mala vida que lleva y expone su deseo de ser un gentilhombre. Dentro, los modales rudos de Don Giovanni provocan la sospecha de Anna, que forcejea con el impostor. Sus gritos atraen al Commendatore, que acude en auxilio de su hija, lucha con el intruso y muere.

[Se trata de un duelo que, desde el punto de vista legal, ya para esos siglos se había comenzado a regular en las leyes penales; en este caso no hubo desde luego ninguna averiguación o investigación que dedujera que el duelo hubiese sido justo, pues, como dijimos en nuestro ensayo publicado en Pro Ópera en enero-febrero de 2011, cuando hablamos del duelo en Cavalleria Rusticana, de Pietro Mascagni, en el duelo en realidad quien gana no es el que lava su honor sino el que tiene mayor habilidad con el arma elegida.]

Cuando llega Ottavio, el crimen se ha consumado y nada puede hacer sino jurar venganza ante el cadáver. [Escenas I-III] 

Don Giovanni ha echado el ojo a una recién llegada y se propone incorporar su nombre al cuaderno en el que Leporello anota cada conquista de su amo. Pero la dama resulta ser Elvira, una burgalesa que lo busca para obligar al burlador a cumplir su promesa de matrimonio. Don Giovanni escapa, no sin antes encargar a Leporello que desanime a la dama, lo que el criado hace enumerando las 2,065 conquistas realizadas por su amo: “Cada villa, cada aldea, cada país es testigo de sus andanzas mujeriegas. Entre ellas hay mujeres de todos los rangos, de todos los tipos, de todas las edades, desde campesinas a princesas”. Don Giovanni no es un enamoradizo, es un coleccionista. Solo encuentra placer en batir su propio record de seducidas o violadas: “A las viejas las conquista por el placer de ponerlas en la lista”. Elvira se va, decepcionada. [Escenas IV-VI]

Un grupo de campesinos celebra la inminente boda de Zerlina y Masetto. Don Giovanni pretende ser él quien estrene a la novia. Ante los reparos del novio, Don Giovanni empuña la espada. El campesino obedece a regañadientes: “He comprendido, sí señor. Inclino la cabeza y me voy”. Tras la amenaza a Masetto, vienen los halagos y mentiras a Zerlina: “Tú no estás hecha para ser campesina. No perdamos el tiempo, ahora mismo te quiero desposar. Ese pabellón es mío y allí nos casaremos”. En ese momento, aparece Elvira, que increpa a Don Giovanni. Éste no tiene reparos en mentir a dos bandas: “Ídolo mío, ¿no ves que quiero divertirme?”, dice a la dama; “La pobre infeliz está enamorada de mí y, por piedad, debo fingir amor, ya que, para mi desgracia, soy un hombre de buen corazón”, dice a la campesina. [Escenas VII-X] 

Don Giovanni se lamenta de sus fracasos: “Parece que hoy el demonio se divierte oponiéndose a mis deleitosos progresos”. En realidad, sus detractores son Da Ponte y Mozart, que no quieren hacer del libertino un personaje envidiable. No ocultan su facilidad para la conquista, pero solo ilustran sus fracasos. De ahí su inquietud cuando ve dirigirse hacia él a Ottavio y Anna. Sus temores son infundados. Desconocedores de la identidad del asesino, vienen a él para pedirle ayuda en su venganza, a lo que él accede de buen grado. Una vez más, Elvira surge para desenmascarar al traidor. Don Giovanni logra alejar a Elvira de la escena, pero Anna ha reconocido su voz y así se lo hace saber a Ottavio, refiriéndole el asalto de que ella misma fue objeto la noche en que murió su padre. [Escenas XI-XIV]

Don Giovanni regresa a su casa, donde Leporello ha organizado una fiesta para los campesinos. Al burlador se le hace la boca agua viendo tantas campesinas: “¡Ah, mi lista mañana temprano en una decena habrás de aumentar!” Fuera, Masetto reprocha a Zerlina su frivolidad. Ella asume su culpa y trata de recomponer la relación: “¡Desahógate, mátame, haz de mí lo que quieras! Pero después hagamos las paces. ¡Pega, pega a tu pobre Zerlina: aquí estaré como una corderita aguantando tus golpes! Dejaré que me arranques el pelo, que me saques los ojos, y tus manos sabré besar”. Para salir de dudas sobre lo ocurrido entre su novia y el noble, Masetto lleva a Zerlina a casa de Don Giovanni y se oculta. Tan pronto Don Giovanni descubre a la joven vuelve a cortejarla, momento en que Masetto se deja ver. Como si no hubiera pasado nada, los tres se suman a la fiesta. [Escenas XV-XIX] 

También acuden Ottavio, Anna y Elvira dispuestos a castigar al traidor. Se ocultan tras unas máscaras. Don Giovanni brinda con un “¡Viva la libertad!” que todos secundan. Mientras Leporello entretiene a Masetto, Don Giovanni baila con Zerlina, arrastrándola a un aposento interior. Ella grita y todos acuden en su auxilio. Don Giovanni trata de confundirlos acusando del abuso a Leporello, al que finge dar muerte, pero su ardid no es creído. Acosado, se enfrenta a todos espada en mano: “Aunque se cayese el mundo, nada me atemorizaría”. [Escenas XX-XXII]

ACTO II

Don Giovanni recorre las calles con una mandolina. Leporello le anuncia su dimisión, pero desiste a cambio de cuatro doblones: “Por esta vez acepto, pero no creáis que se puede seducir a los hombres como a las mujeres, a fuerza de dinero”. Don Giovanni justifica su conducta: “Las mujeres son para mí más necesarias que el pan que como y el aire que respiro. El que es fiel a una sola es cruel para con las otras. Yo albergo en mí un sentimiento tan grande que las quiero a todas. Pero las mujeres, como no saben reflexionar, a mi buen natural lo llaman engaño”. Tras esta exposición, descubre su intención de conquistar a la camarera de Elvira, para lo que debe intercambiar sus ropas con Leporello. Acompañándose con la mandolina entona una canción bajo la ventana de Elvira. [Escena I]

Elvira no logra conciliar sus sentimientos hacia Don Giovanni, que la burla una vez más, consiguiendo que Leporello, vestido como su amo, se la lleve lejos. Don Giovanni vuelve a cantar, ahora bajo la ventana de la criada. Lo interrumpen Masetto y varios campesinos, que vienen dispuestos a matarlo. Aprovechando su apariencia de Leporello, Don Giovanni se suma al grupo y procura quedarse a solas con Masetto, al que desarma y da una paliza. Zerlina encuentra a Masetto lleno de heridas y se apresura a consolarlo. Por su parte, Leporello trata de escabullirse antes de que Elvira descubra su identidad, pero tropieza con Masetto, Zerlina, Ottavio y Anna. Elvira pide piedad para el que llama “su marido”. Leporello, muerto de miedo, muestra su rostro. Aprovechando la sorpresa, escapa. [Escenas II-X]

Zerlina arrastra por los pelos a Leporello. Dispuesta a hacerle ver “qué precio recibe quien a las muchachas injuria” lo sienta en una silla y lo ata: “Así, así. Esto es lo que se hace con los hombres”. Zerlina sale en busca de Elvira, pero, cuando regresa, Leporello se ha escapado. [Escenas II-X. Nota: Son parte de los añadidos vieneses y no suelen representarse.]

Elvira sigue confusa respecto a Don Giovanni: “Me hace infeliz, mas, traicionada y abandonada, aún siento piedad por él”. [Escena XIV] 

Buscando refugio, Don Giovanni salta el muro de un cementerio. Hay varias estatuas ecuestres, entre ellas la del Commendatore. Poco después se le une Leporello y cada cual recupera sus ropas. Don Giovanni narra su última aventura con una muchacha que se dejó acariciar creyéndolo Leporello. Pero cuando la joven lo reconoció, hubo de huir una vez más. Leporello se mosquea: “¿Y si ella hubiese sido mi mujer?” Don Giovanni ríe: “¡Mejor aún!”. Su risa se congela cuando una voz le advierte de que dejará de reír antes del amanecer. Don Giovanni ordena a Leporello que invite a cenar a la estatua del Commendatore. La estatua acepta. [Escena XV] 

En casa de Anna, ésta expresa a Ottavio su decepción porque aún no ha sido vengada. [Escena XVI]

Esa noche, en el salón de Don Giovanni todo está dispuesto para la cena. Los músicos tocan fragmentos de algunas óperas del momento: Una cosa rara, del español Martín y Soler, Fra i due litiganti, il terzo gode (Mientras dos discuten, el tercero disfruta), de Giuseppe Sarti, y Le nozze di Figaro, del propio Mozart (nótese la ausencia significativa de Antonio Salieri). Elvira entra y se arrodilla ante Don Giovanni suplicándole que cambie de vida. Nuevamente, él se burla de ella y brinda: “¡Vivan las mujeres! ¡Viva el buen vino! ¡Sostén y gloria de la humanidad!”. [Escenas XVIIXVIII] 

Alguien llama a la puerta. Es la estatua del Commendatore que acude a la cita (‘Don Giovanni, a cenar teco!’) y pide que, en correspondencia, Don Giovanni cene con él en el más allá, si bien le ofrece una última oportunidad de arrepentirse. Don Giovanni responde altanero. Entre horribles dolores, Don Giovanni se ve rodeado por una vorágine de fuego y arrastrado por varias furias a las profundidades. [Escena XIX] 

Llegan Ottavio, Elvira, Zerlina y Masetto. Leporello les refiere lo ocurrido. Los dos campesinos y el criado cantan: “Que se quede ese bribón con Proserpina y Plutón”.

Y todos entonan una moraleja: “Este es el fin del que obra mal. La muerte de los pérfidos es siempre igual a su vida”. [Última escena]

Reflexiones éticas de la obra 

Se aprecia a simple vista que el Don Giovanni de la obra no conquista a nadie en escena, aunque lo intenta con Donna Anna, para aprovecharse de lo prohibido, y luego con Zerlina; es decir, que al contrario de lo que expresa el catálogo escrito y cantado por Leporello de las 2,065 conquistas realizadas, en la obra misma no despunta ningún aspecto romántico, sentimental o incluso tierno de parte del personaje principal, sino que lo que anhela en realidad es puro deseo, y además, lo vemos huyendo todo el tiempo, sin poder abusar de Donna Anna (disfrazado) y de Zerlina, si bien la seduce, al final no la consigue. 

Es de hacer notar aquí que en los tiempos medievales se acostumbraba que los señores feudales ejercieran el “derecho de pernada”, o en latín ius prima noctis con el que aquéllos ejercían una supuesta potestad para desflorar a la novia de un siervo, aunque se presume que era y sigue siendo un mito. [Carlos Barros, “Rito y violación: derecho de pernada en la Baja Edad Media” en Historia Social, Valencia, Nº 16, primavera-verano, 1993, páginas 3-17.]

Tanto Bernard Williams [Sobre la ópera. Madrid, Alianza editorial, 2010, página 67] como Marie-France Castarede [El espíritu de la ópera. La exaltación de las pasiones humanas. Barcelona, Paidós, 2003, página 122] coinciden en que Don Giovanni es el espíritu del deseo sensual. De manera que el hedonismo es la válvula de escape a su soledad, que le aterra y que busca en cada mujer colmar el sentimiento de estar solo. Es un perseguidor del goce.

Williams añade a esta característica, la de que, como despiadado perseguidor del amor, Don Giovanni es también un tipo de aventurero, una clase de nihilista de alguien que niega a Dios y el fetichismo de la aprobación moral convencional y de los beneficios sociales y que vive mediante una acción libre por sí misma. Da Ponte, refiere Williams, nos recuerda constantemente que Don Giovanni es un miembro de la nobleza que exhibe su rango social y como lo afirma explícitamente, su dinero para conseguir lo que desea. 

Para efectos de esta reflexión ética, Don Giovanni y el Commendatore nos bastan. En el transcurso de la obra vemos a Don Giovanni siempre en acción; no para ni un instante, en una escena está tratando de seducir a una mujer, en otra inmediatamente está en una fiesta y luego lo vemos en la calle huyendo, llegar a un cementerio y finalmente en su palacio, donde encontrará su destino fatal. Veamos algunos rasgos de su personalidad. 

Don Giovanni está dotado de un apetito insaciable y extraordinaria sensualidad, de un carácter desenfadado que, literalmente, hace lo que quiere; lo que desea lo ha de perseguir, disfrazado o no, porque es temerario, un amante compulsivo. Un seductor impenitente, ávido de relaciones sexuales. Dijo José Ortega y Gasset que Don Giovanni no era (como podríamos catalogarlo para efectos literarios) un fantoche frívolo que alardeaba de sus conquistas, sino un héroe trágico, dispuesto a entregar su vida. [José Lasaga Medina (1991), “Don Juan o el héroe del esfuerzo inútil: sobre el Don Juan de Ortega y Gasset”, en Revista de Occidente, número 120, páginas 29-44.]

El Don Juan que tiene en mente Ortega y Gasset es ese héroe que avanza contra lo convencional, el que reniega de lo heredado y de las normas establecidas: “Don Juan, figura equívoca que nuestro tiempo va afinando, puliendo, hasta dotarla de un sentido preciso. Don Juan se resuelve contra la moral, porque la moral se había sublevado contra la vida. Solo cuando exista una ética que cuente, como su norma primera, la plenitud vital, podrá Don Juan someterse. Pero eso significa una nueva cultura: la cultura biológica. La razón pura tiene que ceder su imperio a la razón vital.”

Para redondear el elemento ético, estimamos necesario hacer una vinculación con las varias versiones de Don Juan, como El burlador de Sevilla y convidado de piedra de Tirso de Molina, que difiere del Don Juan Tenorio de José Zorrilla, y el de Mozart. Se trata de un individuo que manipula siguiendo dos patrones, que pueden parecer simples pero que se corresponden con un complejo sistema de valores y tradiciones de siglo XVII. El Don Juan de El burlador…, cuando está frente a una mujer de la realeza se hace pasar por otro, y cuando está frente a una mujer de clase baja, una pescadora o una campesina, echa mano de su condición y promete matrimonio y un estatus social distinto al de su víctima. Para el siguiente siglo, ya con la Ilustración en pleno auge, la visión cambia. Don Juan se presenta en las tablas del XVIII esencialmente como un personaje libertino y seductor, despojado de su primigenia connotación de burlador y engañador, debiéndose subrayar que la racionalización del mito y su desvinculación religiosa, constituyeron aspectos decisivos en la posterior evolución del personaje durante dicha centuria. 

La moral que rodea la obra de Don Giovanni es fruto de una mentalidad medieval, rígida, sin claroscuros, que denuncia un hedonismo demasiado extrovertido y —si queremos exagerar la nota— es un personaje desinhibido y quizá amoral, carente de virtudes éticas. Por tanto, es incapaz de arrepentirse de su conducta libertina, pues ante el apremio de la estatua, que le exhorta ‘Pentiti!’ (¡Arrepiéntete!), la respuesta contundente de Don Giovanni es ‘No!’, con lo que el juicio divino deviene inmediatamente.

En las puestas en escena del final de Don Giovanni, la que nos parece muy ilustrativa como lo pinta el Don Juan de Tirso, es la que aparece en Amadeus (https://youtu.be/kBXt9Bn4qns?list=RDkBXt9Bn4qns), esa controversial obra de Peter Schaffer hecha película multipremiada de 1984, dirigida por Milos Forman, y que, de acuerdo a la temática moralista de que quien obra mal se va al infierno, a Don Giovanni le llega veloz el juicio y el castigo luego que la estatua y Don Juan desaparecen, se ve el Infierno con llamas y garfios y diablos, pintados con cuernos y colas y orejas largas, y el alma de Don Juan, encadenada entre un grupo de demonios que le atormentan, él se queja de las penas que padece, pregunta cuándo se acabará aquello y el coro de diablos responde con voz lúgubre: ‘mai, mai, mai…’ (‘Nunca, nunca, nunca…’) 

El convidado de piedra representa, por tanto, la justicia divina, el juicio implacable y la muerte: 

“¡Éste es el fin de quien obra mal!
Y la muerte de los pérfidos,
a la vida es siempre igual.”

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