Junio 2, 2026. Siempre es motivo de celebración cada nueva reposición de la refinada y exigente ópera seria Ariodante de Georg Friedrich Händel, una de las obras maestras indiscutibles del repertorio barroco. Sin embargo, cuesta entender que el Teatro Real haya optado nuevamente por ofrecerla en versión de concierto, como ya hiciera en 2007 y 2018.
Se trata de la tercera ocasión en que el coliseo madrileño renuncia a una puesta en escena de una obra que sí ha podido verse escenificada en otros escenarios españoles, entre ellos el Gran Teatre del Liceu en el 2006 y la Ópera de Oviedo en el 2009, así como el Palau de les Arts de Valencia en 2022. No queda sino confiar en que el Teatro Real reconsidere esta política en el futuro y brinde finalmente a esta cumbre del teatro musical händeliano una producción escénica propia, acorde con la extraordinaria calidad dramática y musical de la partitura.
Estrenada en Londres en 1735, Ariodante fue la primera ópera que Händel compuso para el recién inaugurado teatro de Covent Garden tras su sonada ruptura con el King’s Theatre. Su argumento hunde sus raíces en los cantos IV y VI de Orlando furioso de Ludovico Ariosto, el gran poema caballeresco del Renacimiento italiano que también sirvió de inspiración al compositor para sus óperas Orlando y Alcina. No obstante, Händel no recurrió directamente al texto de Ariosto, sino que se apoyó en la estructura dramática y el libreto de Ginevra, principessa di Scozia, elaborado por Antonio Salvi para una ópera homónima de Giacomo Antonio Perti. Sobre esta sólida base literaria construyó uno de los dramas más intensos, equilibrados y emocionalmente profundos de toda su producción operística.
La acción transcurre en la Escocia medieval. Ariodante, noble caballero y favorito del rey, está a punto de casarse con Ginevra, hija del monarca. Pero las intrigas de Polinesso, duque de Albany, hacen creer al joven que su prometida le ha sido infiel, desencadenando una serie de malentendidos y acusaciones que pondrán en peligro el honor y la vida de la princesa hasta que la verdad sale finalmente a la luz. La nueva reposición encomendada por el Real recayó en la agrupación musical suiza La Cetra Barockorchester Basel, orquesta especializada y referente en terreno barroco. El reparto vocal convocado para la ocasión, integrado por auténticos especialistas en el repertorio barroco, no pudo estar mejor escogido e hizo plena justicia, con gran virtuosismo y entrega, a las exigencias de unos personajes magníficamente escritos y dotados cada uno de una función dramática perfectamente definida.
A cargo de la dificilísima parte protagonista, escrita por Händel para el célebre castrato Giovanni Carestini, la mezzosoprano checa Magdalena Kožená afrontó con medios vocales superlativos uno de los personajes más complejos y humanos de todo el teatro musical händeliano, convirtiéndose en la gran triunfadora de la velada. En óptima forma vocal, la experimentada cantante conserva aún ese timbre cálido y aterciopelado, la riqueza de colores y la exquisita musicalidad que la han convertido en una de las grandes referencias de su cuerda. Su sensibilidad interpretativa y su amplísima gama de matices le permitieron construir un Ariodante de magnífica hechura vocal, capaz de desenvolverse con igual autoridad en los pasajes más líricos e introspectivos del personaje que en aquellos otros en los que la escritura exige agilidades implacables, resueltas con admirable solidez técnica. Magnífica resultó su interpretación de la desgarradora ‘Scherza infida’, uno de los momentos culminantes de la partitura, donde desplegó un fraseo de exquisita sensibilidad y una conmovedora capacidad para expresar toda la desolación de Ariodante al creerse traicionado por su amada. Como luminoso contrapunto, la jubilosa ‘Dopo notte’ encontró en Kožená una intérprete ideal, capaz de sortear con asombrosa naturalidad sus vertiginosas coloraturas y amplios saltos, transmitiendo al mismo tiempo la euforia y el alivio que inundan al personaje en el desenlace de la obra.
No se quedaron atrás la soprano ruso-estadounidense Erika Baikoff y la soprano israelí Shira Patchornik, en los papeles de la princesa Ginevra y su ingenua confidente Dalinda, respectivamente. La primera cautivó por la belleza de su voz lírica, dúctil, luminosa y técnicamente bien sostenida en las coloraturas. Cantante muy versátil, brilló tanto en los momentos más ligeros de su parte como en aquellos en los que se le exigía un canto más dramático y vehemente. Fue especialmente celebrada por la delicadeza que imprimió a su interpretación del aria ‘Volate, amore’, así como por la intensidad dramática que infundio a ‘Il mio crudel martoro’. En cuanto a la segunda, exhibió una voz lírica clara, de color algo metálico, lozana y juvenil, que condujo con inteligencia y un canto muy intencionado, apreciándose además seguridad en las coloraturas. Escénicamente, resultó muy convincente.
En lo referido a las voces masculinas, quien se apuntó un rutilante triunfo fue el carismático contratenor francés Christophe Dumaux, que, en perfecto dominio de su personaje, retrató un incontestable Polinesso, el maléfico rival por el amor de Dalinda y villano de la trama, sirviéndose de una voz firme, oscura, incisiva, generosa en matices y de gran musicalidad. Su aria ‘Dover, giustizia, amor’, cantada con exultante expresividad y ornamentaciones impecables, fue uno de los mejores momentos vocales de la noche. No debe pasarse por alto su soberbia construcción teatral del personaje —de abundantes recursos histriónicos y notable presencia escénica—, que consiguió en cada una de sus intervenciones hacer olvidar que se trataba de una versión de concierto. Chapeau!
En su doble cometido como Lurcanio, el leal hermano del protagonista, y Odoardo, favorito del rey, fue un auténtico lujo contar con el tenor suizo-chileno Emiliano González Toro, cantante de voz suntuosa, atento al detalle y dotado de un soberbio refinamiento estilístico, que confirió un relieve poco habitual a ambos personajes. Completando el elenco vocal, el barítono español José Antonio López compuso un Rè di Scozia de manual, gracias a un canto noble y aristocrático, cuidadosamente elaborado y dotado de una notable mezcla de autoridad y humanidad.
Al frente de la prestigiosa y especializada La Cetra Barockorchester Basel, el director italiano Andrea Marcon ofreció, desde el podio y el clavecín, una lectura de pulso firme y de particular atención al estilo händeliano. Sirviéndose de instrumentos de época, articuló una interpretación dinámica, rica en contrastes y equilibrada, siempre atenta a extraer de la orquesta el color instrumental más apropiado para cada pasaje.


