Mayo 16, 2026. Entre los muchos lectores de Pro Ópera se encuentran aquellos un poco maduros que recuerdan el film Cabaret de 1972 dirigido por el coreógrafo Bob Fosse, cuya acción tiene lugar en Berlín a comienzos de la década de 1930. Habrá otros lectores más jóvenes que vieron la serie televisiva alemana Babylon Berlin de 2017, que tiene lugar poco antes de 1930 y que tambien muestra una escena de decadencia, crimen y sexo. Por último, seguro que hay lectores que se han interesado en ese período tan particular de la historia alemana —y en especial de Berlín— durante el periodo de la República de Weimar.
Berlín se convirtió en un centro donde sucedía todo, los extremos más inesperados, la escena gay, trans, un exceso que sirvió (hasta cierto punto) para crear una reacción muy fuerte. Aquellos que vivimos hoy en Berlín —y en especial durante el período de reunificación— todavía recordamos con cariño el edificio Tacheles, que había sido un gran negocio judío antes de la Segunda Guerra Mundial. Parcialmente destruido y en ruinosas condiciones, durante los años 90 y comienzos del siglo XXI sirvió como centro de artistas, de cabarets, de night clubs. Visitarlo era como un viaje a un pasado olvidado, una época donde nadie preguntaba ni tampoco criticaba.
Berlín, al contrario de otras ciudades grandes, posee una identidad muy suya, diferente a Londres o París. El berlinés puede resultar hosco, pero es abierto, directo, duro y tolerante. Hoy es un centro artístico muy importante, no solo musical y operístico, sino en las artes más experimentales.
Todo este preámbulo es necesario para justificar una producción extrema, chocante, culturalmente ajena a todo lo que estamos acostumbrados, a una escena, digamos, menos extrema. La compositora austríaca Olga Neuwirth (1968-) es muy conocida y respetada por sus composiciones orquestales, y en esta ópera se basa en una obra de Virginia Woolf dedicada a su amante Vita Sackville-West.
Orlando comienza como un hombre en 1598, que se transforma en mujer unos 100 años después. A comienzos del siglo XX se casa con un hombre porque desea tener un hijo. En la década de 1980 este hijo se dedica a promover la libertad sexual y autonomía corporal. La historia llega a los tiempos actuales donde el pasado, presente y futuro se disuelven y Orlando (que sigue activo a través de los siglos) sigue determinado a combatir prejuicios y a luchar por la humanidad. La novela de Woolf es una obra compleja, de significados a veces contrarios, pero siempre deja un sabor semiamargo. La obra de Neuwirth la transforma en una celebración del viejo espíritu de la República de Weimar, en especial los excesos sexuales gay y trans.
La producción de Ewelina Marciniak se concentra en esos aspectos que por momentos llegan a ser excesivos y de dudoso gusto. Pero también muestra que no tanto ha cambiado en Berlín y que hay público para este tipo de producciones extremas en un teatro que se caracteriza por ser abierto. Cantada en inglés, el elenco de la ópera es vasto, encabezado por la mezzosoprano canadiense nacida en Macedonia Ema Nikolovska como un Orlando muy expresivo. A través de la obra aparece un Narrador (en este caso una Narradora): Alma Sadé, que hace las veces de anfitriona y guía, quien describe la acción ataviada elegantemente con un vestido negro largo.
Hay un Angel Guardián cantado por el contratenor estadounidense Eric Jurenas. En general las tesituras son cantables, con momentos de coloraturas extremas agudas. El barítono alemán Günter Papendell dio vida a Schelmerdine, quien se casa con Orlando en 1917. La mezzosoprano polaca Karolina Gumos se lució en tres papeles como la Reina, luego como La Pureza y finalmente como un amigo del hijo de Orlando. La mezzo alemana Ulrike Helzel fue La Modestia y la soprano rusa Anna Nekhames fue La Castidad a la vez que Sasha.
Es una obra que por su rápida y a veces confusa acción deja al espectador sin aliento, un poco cansado de tantas imágenes y de tantos significados superpuestos. Obviamente que con una obra así se necesitaba un coreógrafo, en este caso la coreógrafa polaca Agnieszka Kryst, que hizo mover mucho al enorme elenco. La premier berlinesa (ya vista en Viena anteriormente) tuvo lugar el 16 de mayo a teatro lleno, bajo la batuta del alemán Johannes Kalitzke, quien encontró un buen equilibrio entre foso y escena. No es, sin embargo, un espectáculo para niños.


