Junio 26, 2026. La Ópera de Roma repuso la puesta en escena de La traviata de Giuseppe Verdi ideada por Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti, estrenada originalmente hace 10 años. En las nueve representaciones se alternaron las sopranos Ermonela Jaho, Nadine Sierra y Ekaterina Bakanova (Violetta Valéry); los tenores Dmitry Korchak, Xabier Anduaga y Antonio Poli (Alfredo Germont); y los barítonos Amartuvshin Enkhbat, Luca Salsi, Simone Piazzola y Ludovic Tézier (Giorgio Germont). La conformación de los elencos determinó en algunos casos funciones únicas con los mismos artistas.
De las funciones programadas, la soprano albanesa Ermonela Jaho protagonizó tres y anunció que se despedía del rol. Intérprete de referencia de Violetta de los últimos 30 años, la soprano lo debutó en 1997 y, teniendo en su haber más de 300 funciones, decidió poner fin a su dama de las camelias con estas tres funciones. La soprano exhibió un absoluto dominio vocal del papel y una compenetración actoral conmovedora. Desde las primeras frases, pasando por los desafíos de lo más alto del registro para llegar a la intensidad del final, su canto abordó cada detalle, casa inflexión, cada agudo, cada frase con notable interpretación y sin dar signos de esfuerzo o fatiga. Dosificó las intensidades con cuidado e inteligencia, desplegó una importante gama de matices que iban desde el susurro proyectado con voz pequeña y calculadamente frágil hasta el agudo a plena voz. Una verdadera noche de triunfo para la soprano que en una función más se despide de Violetta Valéry.
Sin lugar a dudas Xabier Anduaga ocupa por mérito propio un lugar relevante en la escena tenoril actual. Su grata estampa, su línea vocal homogénea, su registro parejo, su bello color vocal, sus agudos sólidos y bien colocados, sumado a una excelente dicción italiana y una intencionalidad firme, lo hacen un Alfredo Germont de alta calidad.
Ludivic Tézier es sin dudas una de las referencias mundiales en la cuerda baritonal. Su Giorgio Germont combinó notable seguridad vocal y escénica; su proyección fue impactante, su color vocal bellísimo y su perfecta intencionalidad en cada una de sus frases redondean una noche inolvidable.
En cuanto al resto del elenco, destacó Maria Elena Pepi como una Flora Bervoix cantada nota a nota de principio a fin con una voz muy bien proyectada, buena presencia escénica y grata línea de canto. Sofia Barbashova compuso una muy correcta Annina, y los personajes masculinos interpretados por Adriano Gramigni (Dottor Grenvil), Arturo Espinosa (Barone Douphol), Alejo Álvarez Castillo (Marchese d’Obigny) y Guangwei Yao (Gastone) estuvieron muy bien servidos. Correctos los otros personajes menores (Daniele Massimi, Carlo Alberto Gioja y Giuseppe Ruggiero).
Francesco Ivan Ciampa demostró, nuevamente, su bien ganado lugar entre los concertadores italianos. Con tiempos ágiles y atento cuidado del balance entre el foso y la orquesta, produjo una versión refinada y potente. La Orquesta del Teatro de la Opera di Roma respondió con calidad mientras que el coro, preparado por Ciro Visco, fue preciso, empastado y con atrayente sonoridad.
La producción escénica dirigida por Sofia Coppola resultó tradicional, adecuada, simple y comprensible. En los tiempos que corren, todo un oasis La ambientación escenográfica fue de Nathan Crowley, quien diseñó bellos decorados parisinos del siglo XIX, salvo la escalera de estilo racionalista que dominó el primer acto y que sirvió para el lucimiento de la protagonista y su impactante vestido negro con cola de pavo real del primer acto que, en este caso, fue diseñado por Valentino Garavani. Notable también el traje rojo que lució Violetta en la fiesta de Flora. El resto del vestuario fue diseñado por Valentino con la colaboración de los directores creativos de la casa de moda, Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli, que luce una elegancia sobria y de alta calidad. Aportaron calidad a la visión escénica la iluminación de Vinicio Cheli, la coreografía de Stéphane Phavorin y las proyecciones de video de Officine K.


