Agosto 14, 2026. En el marco de los recitales que tradicionalmente acompañan la programación del Rossini Opera Festival (ROF), tuvo lugar un recital protagonizado por los barítonos Matteo Mancini y Giuseppe Toia, con Michele D’Elia al piano.
Mancini y Toia se mostraron relajados desde el comienzo, cómodos dentro de un repertorio que conocen y frecuentan continuamente. El programa permitió recorrer distintos registros del universo buffo rossiniano a través de personajes como Figaro, Bartolo, Dandini, Don Magnifico, Slook, Taddeo y Geronio. Ambos cantantes demostraron ser intérpretes sólidos, aunque con personalidades artísticas claramente diferenciadas.
Matteo Mancini posee una voz bellísima, potente, brillante y efervescente, a la que se suma un físico agraciado que favorece su presencia escénica. El repertorio rossiniano parece especialmente adecuado para sus características vocales y demuestra conocer bien las exigencias del estilo belcantista. En ‘Largo al factotum’, la cavatina de Figaro de Il barbiere di Siviglia, mostró desde el inicio las cualidades de un instrumento capaz de imponerse con facilidad y de afrontar con seguridad la escritura rossiniana. De La Cenerentola llegó la cavatina de Dandini ‘Come un’ape ne’ giorni d’aprile’, así como la cavatina de Slook: ‘Grazie… grazie… Troppo presto’ de La cambiale di matrimonio, y terminó su participación con el aria de Batone ‘Una voce m’ha colpito’ de L’inganno felice, donde volvió a poner de manifiesto su dominio estilístico.
Por su parte, Giuseppe Toiaposee una voz de gran expresividad, pero su verdadero talento se encuentra en un atributo más difícil de definir: un carisma extraordinario. Es un auténtico monstruo del escenario. Sin necesidad de abrir la boca, con apenas dos miradas, es capaz de echarse al público en el bolsillo. Su capacidad para comunicar y construir un personaje desde la presencia escénica es inmediata, y en este recital volvió a demostrar una facilidad excepcional para manejar los tiempos de la comedia.
Su actuación como Bartolo en ‘A un dottor della mia sorte’ de Il barbiere di Siviglia, con el aria de Don Magnifico ‘Sia qualunque delle figlie’ de La Cenerentola y especialmente, su intervención como Taddeo en ‘Ho un gran peso sulla testa’ de L’italiana in Algeri, confirmaron esa capacidad para convertir cada número en una pequeña escena. Pues fue justo en esta aria que olvidó del texto del aria, pero esto terminó jugando a su favor: Toia supo reaccionar y recuperar el control de la situación en directo volviendo a comenzar desde la interrupción obteniendo aplausos del público. Es una cualidad especialmente valiosa para quien quiera hacer carrera sobre el escenario, donde no todo puede estar previsto y la capacidad de resolver los imprevistos forma parte del oficio. Y para concluir su participación, de Il turco in Italia ofreció el aria de Geronio ‘Se ho da dirla, avrei molto piacere’, en esta ocasión con el uso del atril para evitar contratiempos.
Juntos, Mancini y Toia interpretaron el duetto ‘Un segreto d’importanza’ de La Cenerentola con muchísimo humor y gags de comedia física; para después ofrecer de La cambiale di matrimonio el duetto ‘Dite presto, dove sta questa gran difficoltà’ igualmente con una vis comica envidiable.
El tercer protagonista de la velada fue Michele D’Elia, cuya participación estuvo lejos de limitarse a la función de acompañante. El pianista demostró una extraordinaria capacidad para reproducir al teclado todo lo que contienen las demandantes reducciones de las partituras orquestales: terceras, octavas y demás dificultades de una escritura que exige una técnica sólida y una formación clásica rigurosa.
Pero lo más interesante de su participación fue precisamente su capacidad para cambiar de mentalidad entre sus dos funciones durante el concierto. Como acompañante, D’Elia se mostró atento y generoso: disfrutó acompañando a los cantantes, sonrió mientras tocaba y les proporcionaba un apoyo constante. Incluso movía los labios mientras interpretaba las partes, evidenciando que conoce los textos. La complicidad que mantuvo con ambos cantantes resultó evidente y contribuyó a la naturalidad con la que se desarrolló la velada.
Como solista, en cambio, debió asumir otro tipo de concentración. Su interpretación de ‘La Pesarese’, la quinta pieza del Album pour les enfants dégourdis, adquirió además un significado especial por estar dedicada por Rossini a su ciudad natal. D’Elia logró realizar ese cambio de registro entre pianista acompañante y pianista solista para, inmediatamente después, regresar a su función de acompañar y sostener a los cantantes.
El recital concluyó con el duetto ‘Va taluno mormorando’ entre Batone y Tarabotto de L’inganno felice, reuniendo nuevamente a ambos cantantes para dar cierre al evento mañanero. Tras aplausos sonoros, no se hicieron del rogar para interpretar el duetto ‘Ah, vieni al mio seno’ de L’equivoco stravagante. Enormes ovaciones les ofrecieron al finalizar el evento, gracias a la combinación de tres elementos: dos jóvenes barítonos que dominan el lenguaje rossiniano y un pianista en el que pueden apoyarse para lucir el hermoso repertorio.


