Pro Ópera

Otello en Buenos Aires

Agosto 14, 2026. El Teatro Colón de Buenos Aires ofreció Otello de Giuseppe Verdi a 13 años de su última puesta en escena en nueve representaciones con tres tenores en el rol titular (Gregory Kunde, Michael Fabiano y José Azócar), dos sopranos como Desdemona (Maria Agresta y María Belén Rivarola) y dos barítonos como Iago (Daniel Luis de Vicente y Fabián Veloz).

Desde su estreno en 1887, el protagónico de Otello es monopolizado en cada generación por no más de tres o cuatro intérpretes. Gregory Kunde es hoy uno de ellos y a sus más de 70 años y con 48 de carrera, logra conmover como el moro de Venecia. Con su voz lírica y con un fraseo admirable, el tenor es convincente y creíble. No hay que esperar un Otello de voz estentórea sino un personaje cantado con autoridad, genuinos recursos e intencionalidad sin mácula. Su ‘Esultate’ fue convincente, mientras que algunas notas de su tesitura baja fueron menos audibles en el primer acto, y en el dúo de amor que cierra ese acto se notó su veteranía vocal. Potente en ‘Pel ciel marmóreo giuro’, su calidad superior se mostró sin fisuras en la escena segunda del tercer acto con Desdemona, en el ‘Dio, me potevi scagliar’ del mismo acto y en la escena final.

Maria Agresta simplemente impresionó como Desdemona en este su debut en Buenos Aires. No es la mujer frágil habitual sino una esposa convencida poco a poco del destino que le espera. Su voz tiene belleza y gran volumen. Razonable en el dúo del primer acto, fue creciendo a medida que avanzaba la representación, con una escena del cuarto acto deslumbrante por el nivel de compenetración y perfección.

El Iago de Daniel Luis de Vicente mostró buena potencialidad, adecuado volumen y bello color vocal. Compenetrado y razonable en todo momento compuso un sólido personaje. Diego Bento, un elemento del Coro Estable, de más que interesantes cualidades fue un buen Cassio, tendrá que trabajar un poco más su gestualidad y su refinamiento expresivo.

El resto del elenco —formado por Insung Sim (Lodovico), Alejandra Malvino (Emilia), Fermín Prieto (Roderigo), Mario De Salvo (Montano) y Gabriel Vacas (Heraldo)— mostró adecuada calidad y solvencia. Los coros resultaron eficientes.

Alejo Pérez, en su primera aproximación a este título verdiano, efectuó una correcta lectura de la partitura. Quizás falto algo de nervio y estilo, que seguramente el director adquirirá con los años. El gran concertante del tercer acto necesitó seguramente más ensayo y una mano más segura. Con todo, la versión de Pérez, nuevo director principal de la Orquesta Estable del Teatro Colón, resultó adecuada.

Fabio Sparvoli optó por movimientos tradicionales que no molestaron y que dejaron fluir la historia. El director de escena recibe al espectador con una frase de Brabancio (el padre de Desdemona en la obra de William Shakespeare), que dice en el primer acto: “Look to her, Moor, if thou hast eyes to see. She has deceived her father, and may thee” (Vigílala, moro, si tienes ojos para ver. Ha engañado a su padre y puede engañarte a ti”). La frase no existe en el libreto operístico, pero que se lee sobre un telón en lengua italiana, y evidentemente es el sustrato de los celos que hace despertar Iago con sus insidias. Anodinas, las danzas firmadas por Vagram Ambartsoumian; verdaderamente creativo, el vestuario de Tommaso Lagattolla que, sin un anclaje temporal determinado, remite igualmente a épocas pasadas.

Nicolás Boni produjo magia con su diseño escenográfico, que fue excelentemente complementado por las proyecciones fruto del mismo Boni con Matías Otálora, y con la iluminación de José Luis Fiorruccio. El marco alternó elementos con las proyecciones y el mar omnipresente. La muy difícil escena inicial, en la que el coro debería mirar hacia al mar —aunque esto es teatralmente imposible, pues cantaría de espaldas— fue razonablemente resuelta y la tormenta produjo un impactante efecto con la furia marina y la lluvia para dar lugar mágicamente al cielo estrellado de la escena final del primer acto.

Bucólica, la belleza del segundo acto con el mar, los peñascos y parte del castillo; imponente, el gran espacio del tercer acto y de recogida interioridad el cuarto de Desdemona en el último con los vitrales a la izquierda —donde en el cuadro anterior se veía el mar— y los frescos en el fondo.

Maria Agresta (Desdemona) y Gregory Kunde (Otello) © Juanjo Bruzza

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