Benvenuto Cellini en Bruselas

Febrero 3, 2026. Con una puesta barroca y exuberante, aunque deliberadamente kitsch, una dirección musical de excelencia, un protagonista deslumbrante acompañado por un elenco de lujo, determinaron el triunfo de esta versión de Benvenuto Cellini de Hector Berlioz en el Théâtre La Monnaie de Bruselas.

Thaddeus Strassberger, a cargo tanto de la puesta en escena como de la escenografía, plantea casi un homenaje a todos los tiempos de Roma yuxtaponiendo deliberadamente elementos para crear su concepción escénica, que sitúa en una época inequívocamente actual. Desde los televisores en la casa de Giacomo Balducci, la escenografía —casi toda en color mármol blanco— no se priva de colocar elementos de la antigua Roma en conjunto con elementos del barroco y otras más actuales, pero de un lujo vulgar. 

Musas que cobran vida, guardias suizos en conjunción con la gendarmería italiana actual, vendedores de pizza, los infaltables drag queens de cualquier puesta modernizada, en conjunto con amas de casas de hace unas décadas, hasta un pequeño Coliseo que hace las veces de la fragua, animaciones computadas, innumerables bustos de Cellini con las facciones del tenor protagonista, obeliscos egipcios, los excesos del carnaval y de la sexualidad en conjunción con un leve anticlericalismo, la columna de Trajano o de la Plaza Colonna en lo alto, escaleras blancas inmaculadas, proyecciones de la Fontana de Trevi; la loba capitolina y mucho más se conjuga en la opulencia visual intencionalmente buscada.

La acción es constante y el movimiento actoral prolijo para crear la deliberada exuberancia que nos quiere mostrar Strassberger, buscando y encontrando un equilibrio entre la sátira y lo serio. Fue creativo el vestuario de Giuseppe Palella, en conjunción con la puesta tanto la iluminación de Driscoll Otto como las proyecciones de Greg Emetaz.

Alan Altinoglu logró dar el matiz adecuado a cada momento de la difícil partitura, en perfecto estilo, sin desbordes y con magnífica respuesta por parte de la Orquesta del teatro. John Osborn es hoy el intérprete de referencia del rol de Benvenuto Cellini y logró una velada inolvidable. Todo estuvo en su punto, justo desde los agudos a la línea de canto, desde la sutileza hasta la potencia, todo con un estilo y una dicción francesas inmaculados.

Como Teresa brilló la soprano Ruth Iniesta. A una emisión perfecta se le agregó credibilidad escénica, virtuosismo vocal y un excelente francés. Tanto Tijl Faveyts (Giacomo Balducci) como Jean-Sébastien Bou (Fieramosca) se lucieron en lo actoral y cumplieron acabadamente en lo vocal.

De poderosos acentos, el Papa Clemente VII de Ante Jerkunica y una grata sorpresa de Florence Losseau como Ascanio. Completaron muy bien el elenco Luis Aguilar (Francesco), Leander Carlier (Bernardino), Gabriele Nani (Pompeo) e Yves Saelens (Cabaretier), mientras que los coros, siempre importantes en las obras de Berlioz, resultaron ajustados, enérgicos y precisos, bajo la preparación de Emmanuel Trenque.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio