Pro Ópera

Così fan tutte desde el Met de Nueva York

Octubre 3, 2026. La temporada 2026-2027 del programa En vivo desde el Met de Nueva York inició con los deliciosos trazos musicales de la ópera Così fan tutte (1790) de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), este sábado 3 de octubre en la pantalla gigante del Auditorio Nacional.

Con esta transmisión en HD, el coloso de Reforma arrancó su decimoctava temporada consecutiva acercando las grandes producciones neoyorquinas al público mexicano. Così fan tutte fue el primero de ocho títulos programados para este ciclo, que continuará el próximo 17 de octubre con una mirada shakespeariana trágica que contará con nueva producción: Macbeth de Giuseppe Verdi.

Così fan tutte es el tercer inciso del célebre tríptico italiano concebida por el genio de Salzburgo en colaboración con el libretista Lorenzo Da Ponte (1749-1838), un referente lírico que se completa con las también cimeras Le nozze di Figaro (1786) y Don Giovanni (1787).

La colorida producción presentada por el Met es una reposición del montaje estrenado originalmente el 15 de marzo de 2018, bajo la ingeniosa concepción escénica del actor y director inglés Phelim McDermott. Su idea traslada las acciones de la Nápoles del siglo XVIII hasta el Coney Island de 1950. Se trata de una propuesta osada y vibrante, dominada por tonos multicolores, luces de neón y un inagotable despliegue de atracciones, que evocan la década en que Coney Island era el referente mundial de los parques de diversiones de la era pre-Disneyland. 

Con este traslado temporal y visual, el ensayo bio-filosófico sobre la (in)fidelidad amorosa ideado por Don Alfonso y puesto a prueba en las dos parejas de enamorados se convierte no solo en una jocosa vertiente del ocio, sino en un parque temático para deleite de los sentidos, en perfecta convivencia con tragafuegos, contorsionistas y otros ilusionistas del entretenimiento. Justo en esos momentos entre el abandono y la diversión, las reflexiones sobre la condición humana, sus apetencias, instintos vitales y querencias, cobran una singular fuerza, que no siempre convoca la cotidianidad.

La escenografía de Tom Pye, dinámica y atractiva, incluye pórticos luminosos, corazones giratorios, la infaltable rueda de la fortuna, una montaña rusa, balsas de cisne y hasta un hotel costero picarón; elementos que, en el fondo, simbolizan las distintas capas de la aventura amorosa.

Por su parte, el vestuario de Laura Hopkins se ajusta con precisión a la estética de los años cincuenta, sin descuidar disfraces, atuendos de carnaval y una paleta de colores pensada para acompañar estéticamente esas escapadas juveniles donde se conjugan la adrenalina, el vértigo, la complicidad, la intimidad juguetona y el contacto fortuito en los no lugares de toda feria, como las cabinas de un juego mecánico o las alturas. Desde luego, estos cambios de sintonía tempo-espacial pueden sacudir el sector más conservador del público, proclive a indignarse con mayor convicción por una actualización escénica que por los propios destellos de misoginia y cinismo que despliega la historia.

En el foso, el director israelí Nimrod David Pfeffer se puso al frente de las fuerzas musicales estables del Met y de un elenco de probado nivel estilístico e interpretativo. La soprano italiana Federica Lombardi aportó a Fiordiligi un fraseo depurado y cristalino, además de una notable musicalidad a lo largo de sus arias y números de conjunto, bien secundada por la expresividad vocal oscura y seductora de la mezzosoprano estadounidense Samantha Hankey en el rol de Dorabella. En ese mismo bando femenino, la soprano puertorriqueña Ana María Martínez ofreció un timbrado ágil, que dotó a la ingeniosa Despina de un desparpajo y una disposición ideales para el engaño.

Del lado de los caballeros, el tenor californiano Duke Kim dotó a Ferrando de un lirismo tierno y apasionado, mientras que el barítono moldavo Andrey Zhilikhovsky inyectó a Guglielmo la picardía lúdica necesaria para tomar cartas en ese juego de la seducción. El experimentado bajo-barítono canadiense Gerald Finley, por su parte, retomó con seguridad vocal y una plantada presencia escénica su interpretación de Don Alfonso, con notable vocación para manipular con absoluta elegancia, libre de los desplantes burdos en los que suelen caer otros intérpretes del papel. 

Así, entre luces de neón, atracciones mecánicas y la inagotable ludicidad mozartiana, el Met inauguró una nueva temporada de transmisiones en el Auditorio Nacional, con la vigencia de una comedia humana tan ligera en su apariencia como compleja en sus resortes psicológicos.

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