Marzo 28, 2021. El Maggio Musicale trata a su modo de seguir adelante con sus propuestas. Fue una función en directo con asistencia reducidísima (un grupo de críticos y algunas otras personas que deben someterse antes de entrar a un análisis serológico rápido) que se filmó y luego se pasará al mes en streaming.
De todos modos valió la pena. Por la obra, claro, en primer lugar. La obra más “amoral” de Mozart y Da Ponte, que hoy parece la más moderna. Zubin Mehta en el podio, repuesto de sus enfermedades, aunque con signos de cansancio, con tiempos casi siempre lentos pero a veces atropellados, y algún momento de volumen orquestal alto. El coro hizo bien lo que tenía que hacer, aunque uno de los pocos errores de la puesta en escena (lo menos soso que he visto de Sven-Eric Bechtolf, tal vez porque es lo más “tradicional”) fue hacer que sus miembros bailaran como rockeros al son de ‘Bella vita militar’. Muy bellos los trajes de Kevin Pollard, no muy inspirado el decorado de Julian Crouch, y bien la iluminación de Alex Brok.
Sabida es la dificultad de conseguir todo un reparto adecuado y equilibrado y esta no fue la excepción. Se escuchó precario el estado vocal de Thomas Hampson, que siempre es un artista notable, pero incluso en esta parte tuvo dificultades. Valentina Nafornita no pudo con la tremenda tesitura de Fiordiligi, y salvo los agudos y algunos filados, lo que se oyó no inspiró. Correcta como actriz. Más vivaracha, pero con el inconveniente de timbre y emisión eslavos, la Dorabella de Vasilisa Berzhanskaya, en sí misma buena voz y capaz de las difíciles variaciones de su segunda aria. Matthew Swensen es un típico tenor de escuela inglesa, correcto, no muy inspirado, voz metálica y algo descolorida, actor discreto.
Pero al rescate corrieron Despina y Guglielmo. Benedetta Torre fue perfecta para su joven edad en todo lo que hizo, dijo y cantó; la voz adecuadísima y bella. Mattia Olivieri también, aunque ya no es sorpresa: su voz es siempre de gran belleza y homogeneidad; su estilo y técnica, impecables; y su carisma escénico brilló a gran altura. Al menos la reducida audiencia aplaudió algo y le dio sentido a los saludos.


