La voix humaine y Eine Florentinische Tragödie en Bilbao

La voix humaine y Eine Florentinische Tragödie en Bilbao
Nicola Beller Carbone como Elle en La voix humaine © E. Moreno Esquibel

Febrero 17, 2022. La ABAO de Bilbao en el ecuador de su 70 Temporada de Ópera, ha optado por el estreno de dos títulos contemporáneos: La voix humaine del compositor francés Francis Poulenc, y Eine florentinische Tragódie, del autor vienés Alexander von Zemlinsky. Sorprendentemente, ambas obras hicieron las delicias de un público bilbaíno que aplaudió generosamente al finalizar ambas representaciones.

Para futuras temporadas donde se quiera optar por óperas compuestas en las últimas décadas, sugiero desde estas páginas a los responsables de la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera que cuenten con la obra Luna, del compositor José Maria Cano, un éxito discográfico incontestable en los años 90 que increíblemente todavía no se ha llegado a estrenar.

La voz humana
En un Euskalduna que no llegó a llenar los tres cuartos de su aforo por las limitaciones y protocolos de la Covid-19, los amantes de la ópera moderna se vieron sorprendidos por la apuesta de Paco Azorín, director de escena y responsable de una escenografía, que situó a la orquesta de forma totalmente visible al fondo del escenario, como pocas veces se ha visto.

La producción minimalista giró en torno a un espacio habitacional en el que el cuarto de baño es un elemento destacado. La acción, perfectamente ambientada con la ayuda de las magníficas videoproyecciones en color y blanco y negro de Pedro Chamizo, cuenta con momentos escénicos estelares por parte de la protagonista en torno a una bañera. La iluminación de Pedro Yagüe es impecable y el vestuario de Ana Garay tremendamente acertado a la hora de caracterizar a la protagonista del texto de Jean Cocteau.

La Bilbao Orkestra Sinfonikoa tuvo una buena actuación bajo las órdenes de Pedro Halffter, que supo recrear la atmósfera musical idónea para desarrollar el monólogo recitado y cantado de el único personaje que aparece en la obra de Poulenc.

La soprano alemana Nicola Beller Carbone cuajó una maravillosa actuación en la noche de su debut en la temporada de ABAO. Su interpretación de Elle a nivel dramático fue excepcional, solventando con maestría las dificultades escénicas que conlleva una ópera con un solo protagonista. A nivel vocal, mostró un canto homogéneo que paulatinamente fue envolviendo con sus matices al público en la idea del suicidio final. Impecable en todo el monólogo cantado, la gran expresividad exhibida durante toda la noche fue un regalo para unos espectadores que vibraron con el poderío vocal de la germana en el pasaje final.

Carsten Wittmoser, Giorgio Berrugi y Nicola Beller Carbone en Eine florentinische Tragödie © E. Moreno Esquibel

Una tragedia florentina
Con la misma escenografía de Paco Azorín pero con la idea escénica de unir ambas óperas por su protagonista femenina —que repitió el maravilloso vestuario con que el culminó la obra de Poulenc— arrancó el estreno de la obra de Zemlinsky con la BOS situada esta vez en el foso, para deleitarnos con una obertura de gran intensidad bajo la batuta de Halffter. Durante el resto de la representación —impecable a nivel audiovisual por la excelente iluminación de Yagüe y las proyecciones de Chamizo— observamos en determinados momentos un excesivo volumen orquestal que en nada facilitó la labor de los dos cantantes masculinos.

Nicola Beller Carbone en el rol de Bianca, brilló en lo interpretativo y en los escasos pasajes que la protagonista femenina de Zemlinsky tiene que cantar, dejando  pinceladas que muestran una voz ideal para el repertorio alemán. Auténtico animal de escena, su teatralidad impactante y un instrumento vocal que maneja con solvencia y seguridad, hicieron de ella la gran triunfadora de la noche. 

El tenor italiano Giorgio Berrugi se presentó con éxito en Bilbao con el papel de Guido. Su voz de bello timbre, además de contar con el don de la proyección, no está desprovista de los decibelios necesarios para destacar en un auditorio tan inmenso como es el Euskalduna.

El peso dramático del drama inacabado de Oscar Wilde recayó en el bajo alemán Carsten Wittmoser, otro debutante en ABAO. Brillante a nivel dramático, desempeñando el rol de Simone, mostró bastantes lagunas en lo puramente canoro. Con un instrumento vocal de escasa potencia y nula proyección —casi inaudible desde las últimas filas del teatro— no supo brillar en los pasajes cantados que el compositor austriaco compuso para el marido de Bianca. Aunque no era el cantante original en el que la dirección artística de ABAO había confiado, si queremos que estas obras modernas sean apreciadas en toda su dimensión por el público, debemos contar con un elenco de cantantes de primer nivel.