🇪🇸 Mitridate en Barcelona

En versión de concierto se presentó Mitridate, re di Ponto de Mozart, en el Liceu de Barcelona © Antoni Bofill

Diciembre 2, 2020. En circunstancias que se pueden calificar de pesadilla, el Liceu ha vuelto a abrir sus puerta,  otra vez bajo el nombre de Mozart. Las dos funciones en forma de concierto del Mitridate, re di Ponto, producto de un genio adolescente (solo por lo que se refiere a su fecha de nacimiento), canceladas por el nuevo confinamiento, y sobre todo por la voluntad de la dirección del Teatro y del propio Mark Minkowski y Les Musiciens du Louvre, han tenido lugar finalmente en el mismo día (tarde y noche) reducidas a una hora y media, en lo que ha sido poco más que una selección de arias, la obertura, una marcha, escasos recitativos y supresión de personajes secundarios (y sobre todo de uno que no lo es —Ismene—, lo que hace cojear a la estructura dramática, muy de ópera seria del barroco italiano aún, pero sólida). 

Por supuesto, gracias a esta pandemia, ha habido sustituciones en el reparto, y una por suerte ha resultado extraordinaria: Michael Spyres ha podido demostrar por fin en el Liceu, y en un rol que le va como anillo al dedo, todo el arsenal de sus inmensos recursos (incluido un italiano perfecto) técnicos, estilísticos y vocales. Se trata de un protagonista portentoso capaz de sostener (e incluso superar) la comparación con Giuseppe Sabbatini. 

Julie Fuchs, quizá la más aplaudida, fue una excelente Aspasia (también uno de esos papeles asesinos): para el firmante, además del obstáculo lingüístico (no era mucho lo que se entendía), se trata muy claramente de una lírico-ligera de inconfundible estirpe francesa, y por lo mismo con agudos, sobreagudos, notas filadas admirables, pero con una falta total de graves. Más adecuada al personaje de Sifare (el hijo “bueno” del rey, pero su rival en amores) fue Elsa Dreisig, una verdadera soprano lírico con un buen dominio de la ornamentación, lo que le permitió una magnífica versión de su gran aria con corno obligado, ‘Lungi da te, mio bene’. Farnace (el hijo “malo”) se confió al joven contratenor Paul-Antoine Benos-Dijan, quien estuvo mejor en su gran escena final (la del arrepentimiento) que en su primera intervención, la dificilísima ‘Venga pur, minacci’. El único rol secundario que sobrevivió a las tijeras, Arbate (un general de Mitridate por lo menos ambiguo), reposó en las seguras cuerdas vocaes de la mezzo Adriana Bignani, quien se las arregló muy bien con la coloratura de su única aria, pero que creo que tiene más futuro en otro repertorio.

La orquesta de Minkowski suena siempre fantástica y con él al mando es directamente un lujo (¡qué obertura y qué marcha, pero también qué acompañamientos!). El maestro se mostró muy satisfecho y cordial, y presentó cada número con gran simpatía e incluso recordó al escaso público asistente que no olvidara conservar su entrada porque de todas formas se llegó a superar el límite impuesto por el toque de queda.

El Liceu ha hecho saber en un comunicado que, si no le será permitido vender la mitad de su aforo (algo más de 1,100 butacas) en vez del máximo de 500 impuesto por las autoridades regionales, se verá obligado a volver a cerrar incluso cuando se hayan iniciado ya las representaciones de una Traviata muy “vendida”, de acuerdo a los datos de taquilla. El problema es si luego la gente hace —como en este caso de Mitridate— y no acude; alrededor de 500 personas han preferido no presentarse en la sala. Un teatro tan vacío es ya en sí mismo un espectáculo muy triste que no se puede ignorar ni siquiera con los calurosos aplausos de los pocos presentes.

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