Norma en Barcelona

Escena de la producción de Alex Ollé de Norma de Bellini en Barcelona

Julio 24 y 25, 2022. Para concluir la temporada, el Liceu presentó Norma de Vincenzo Bellini, tras siete años de ausencia, con dos repartos (y tres Normas, pero solo he visto dos). La nueva puesta en escena, estrenada en Londres en 2016, pertenece a Álex Ollé y en la primera función dividió al público. Hay una enorme profusión de pequeñas estatuas de Cristo en la cruz que forman lo que parece ser la selva y de otro color un gran círculo superior. Parece tratarse de fundamentalistas católicos y una sociedad militarizada, ya que muchos llevan ropas asimilables al KKK estadounidense y la cruz en llamas del final hace pensar en lo mismo. 

En el segundo acto cambiamos al interior de Norma, una casa sofisticada moderna y las señoras lucen atuendos modernos y progresistas. Los niños juegan al ritmo de ‘Mira o Norma’ y casi todo el cuadro es amenizado por un televisor encendido que difunde dibujos animados (extrañamente en silencio; habría sido más divertido que se oyeran las voces de conejitos y otros animalitos simpáticos). Después volvemos al principio. Y los romanos, por más que vistan con traje y corbata, son romanos. 

Dejando de lado estas tonterías, la obra tuvo altibajos en la parte musical. Domingo Hindoyan asumió desde el vamos un tiempo vivaz, pero eso tuvo el problema de que la majestuosidad de la partitura fácilmente se convirtió en otra cosa, y por otro lado por momentos el sonido fue casi inaudible. La orquesta estuvo bien y también el coro, preparado por Pablo Assante, salvo en algún momento como en la entrada de la protagonista.

«Norma es una especie de papa y Adalgisa celebra la misa»

Marina Rebeka fue una Norma musical aunque sin mucha energía hasta la última parte de la ópera, pero en conjunto fue muy respetable. Sonya Yoncheva fue todo lo contrario: muy incisiva como artista (en exceso: tuvo actitudes y frases veristas que no encajan para nada con el personaje y el estilo) y vocalmente con un grave forzado, un instrumento empañado y un extremo agudo que muchas veces fue un grito. 

Riccardo Massi tendría los medios para Pollione, pero tiene aún que resolver problemas técnicos: el agudo cambia de color y la emisión no es fluida. Por su parte, Airam Hernández, una hermosa voz de tenor lírico, fuerza sus medios aunque en conjunto es más interesante (sus variaciones, aun más que las de Yoncheva, en la segunda parte de las respectivas cabalette, fueron interesantes, pero hacia el final las libertades que se tomó fueron excesivas). 

Varduhi Abrahmayan fue una buena Adalgisa, tal vez algo monótona, pero irreprensible en su canto (salvo un par de agudos). Los agudos fueron precisamente el talón de Aquiles de Teresa Iervolino, que tiene un buen timbre aunque ligeramente empañado y todo su fraseo es enfático. Nicolas Testé fue un distinguido Oroveso sin mucho volumen. Volumen y color mostró tener en mayor cantidad Marko Mimica, pero su fraseo fue elemental y a veces desentonado. 

Buena la Clotilde de Núria Vilà y muy engolado el Flavio de Néstor Losán. Mucho público (más el día del primer reparto) y mucho éxito.

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