Enero 20, 2026. En el marco de su vigésimo aniversario, el Palau de les Arts valenciano continúa desplegando una temporada ambiciosa con Eugenio Oneguin de Piotr Ilich Chaikovski, en una producción firmada por Laurent Pelly y procedente de La Monnaie de Bruselas y la Ópera Real Danesa (Copenhague), en donde se exhibió en febrero y octubre de 2023, respectivamente.
Les Arts, como conocemos coloquialmente al gran teatro de ópera de Valencia, ha ofrecido en esta temporada dos títulos de alto voltaje (Faust de Charles Gounod y Luisa Miller de Giuseppe Verdi) y el primer estreno mundial en su escenario (Enemigo del pueblo). El regreso de la gran ópera de Chaikovski despertaba una lógica expectación, con el recuerdo de las celebradas funciones de 2011.
La propuesta escénica de Pelly se erige como el gran triunfo de la velada. Su lectura minimalista, sustentada en la escenografía de Massimo Troncanetti, hace uso de una plataforma elevada y giratoria, una iluminación expresiva de Marco Giusti y un vestuario de sobria elocuencia firmado por Pelly, indaga con precisión quirúrgica en la soledad, la incomunicación y el fatalismo que atraviesan a los personajes. El movimiento escénico refuerza la sensación de impotencia ante el destino y concentra la atención del espectador en el conflicto psicológico, alcanzando momentos de gran potencia teatral en el duelo y, especialmente, en la escena final. La coreografía de Lionel Hoche del tercer acto dejó mucho que desear pero la entereza del conjunto se impuso.
Desde el foso, Timur Zangiev ofreció una lectura cuidada en el detalle y elegante en el trazo, aunque desigual en tensión dramática. Su Oneguin priorizó el lirismo contenido frente al desgarro romántico, con tempi a veces excesivamente reposados y una orquesta que, sin perder nobleza sonora, no alcanzó siempre el empaste y la mordiente a los que nos tiene acostumbrados. Solo en el acto final música y escena confluyeron plenamente en un clímax verdaderamente conmovedor.
En lo vocal, el reparto rindió a buen nivel, con un Mattia Olivieri convincente y en progresión como Oneguin, especialmente inspirado en el último acto, y una Corinne Winters eficaz como Tatiana, un poco titubeante en su evolución dramática y contenida en intensidad emocional. Los protagonistas estuvieron bien acompañados por el Lenski entregado de Iván Ayón-Rivas, el rotundo y ovacionado Gremin de Giorgi Manoshvili y una Olga musicalmente consistente y poderosa de Ksenia Dudnikova. El Cor de la Generalitat Valenciana y la Orquestra de la Comunitat Valenciana volvieron a mostrar su profesionalidad y peso artístico en el conjunto.
En suma, un Eugenio Oneguin de gran interés teatral, donde la inteligencia escénica de Laurent Pelly se impone como eje vertebrador de una producción que confirma la ambición artística de Les Arts en su aniversario, aun cuando el equilibrio entre escena y foso no siempre alcanzara la plenitud deseada.



