Enero 19, 2026. Hace muy poco me ocupé del segundo reparto de esta reposición del drama musical de Wagner. Como dije entonces, visto que los cambios afectaban solo a los dos roles principales, para esta crítica siguen siendo válidas las consideraciones ya escritas sobre la producción y en general las actuaciones comentadas.
Solo diré que la dirección de Susanna Mälkki pareció mucho más dramática al final del primer acto, probablemente por el cambio en la pareja de amantes. Ekaterina Gubanova, por su parte, estuvo algo más exigida en el primer acto, pero mejor en el segundo. El coro en sus breves participaciones me resultó algo vociferante.
Clay Hilley no será un Heldentenor (hace mucho que la categoría está casi extinta) y ciertamente no tiene las dimensiones físicas que suelen acompañar a ese tipo de intérpretes, pero es un cantante con voz, musical, no se desgañita y, aunque el fraseo no sea su punto fuerte, creó un personaje y lo defendió.
Es probable que a eso se deba su mejor rendimiento en los actos extremos que en el central, no solo porque en el gran dúo tuvo que vérselas con Lise Davidsen, ya que en su escena posterior, y en especial en ese momento magistral que es ‘O König’, no resultó muy convincente.
El debut de Davidsen como Isolde en su reaparición tras la pausa por maternidad era ansiosamente esperado por el público y los medios, y parecería ser el único debut operístico que importaba. La gran soprano se presentó con sus medios intactos, sin hacer uso excesivo de su notable volumen y potencia, que estuvieron cuando tenían que estar en los tres actos, pero no todo el tiempo. Sigue en posesión de sus cautivadoras medias voces que usó como y cuando debía, aunque el famoso final pudo ser mejor.
En su interpretación, Isolde es orgullosa, pero también una joven enamorada, y ese es su encanto en especial en el segundo acto. Habrá que ver la evolución en la interpretación tras este primer acercamiento, pero de momento eso es lo que la diferencia de las últimas grandes Isoldes (en mi caso, y para hablar de quienes he visto en escena, Birgit Nilsson y Nina Stemme).
Hubo teatro lleno y de pie al finalizar la función, con una gran ovación, pero para no perder la costumbre, algún teléfono impertinente sonó en el preludio y un coro de toses acompañó la introducción del tercer acto.



