Enero 17, 2026. Con la llegada del nuevo año 2026, la Ópera de Bilbao ha estrenado el tercer título de la temporada, Werther de Jules Massenet con unas voces protagonistas de alto nivel. Ante la posibilidad de vivir una jornada operística importante, el gigantesco Auditorio Euskalduna registró una magnífica entrada con muchos aficionados veteranos que todavía recordaban las inolvidables funciones protagonizadas en 2015 por el tenor Roberto Alagna bajo la dirección musical del maestro Michel Plasson, la mejor batuta que ha pasado por la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera (ABAO) en años.
La Producción del Teatro Comunale di Bologna cuenta con una escenografía adecuada pese a la limitación de medios que lleva la firma de Tiziano Santi, apoyada en una iluminación demasiado tenebrosa para los dos primeros actos de Daniele Naldi. La dirección de escena corrió a cargo de la debutante en Bilbao de Rosetta Cucchi, que ofreció una propuesta estéticamente elegante y original, basada en los sueños amorosos y familiares de Werther, el gran protagonista.
El sufrimiento y la desesperación quedan perfectamente retratados, pero llegados a este punto debo señalar que no me pareció apropiado que el tenor cantara el aria ‘Pourquoi me réveiller’ sentado en un sillón mientras Charlotte lee los versos de Ossian, ya que además de ir en contra del lucimiento vocal, puede llegar a confundir al espectador. Alfredo Kraus es Werther y solo hace falta visitar su mausoleo en el Cementerio de Vegueta de Las Palmas de Gran Canaria para entender cómo debe afrontarse el pasaje; parece ser que la regista italiana no lo hizo cuando presentó su propuesta en el Teatro Pérez Galdós en la Temporada 2017.
La dirección musical a cargo de Carlo Montanaro estuvo acertada en líneas generales y es de agradecer que el volumen orquestal no tapara a los cantantes en ningún momento. A nivel emocional, debemos resaltar una mejoría de la Orquesta Sinfónica de Bilbao en los dos últimos actos, donde la labor del maestro italiano fue mucho más intensa y dinámica.
Los papeles secundarios estuvieron interpretados por cantantes vizcaínos: el tenor Josu Cabrero en el rol de Schmidt y el barítono José Manuel Díaz, todo un lujo como Johann. El rol de Le Bailli corrió a cargo del barítono barcelonés Enric Martínez-Castignani que volvió a deleitarnos a nivel interpretativo.
Para el personaje de Albert, la ABAO optó por la voz baritonal y poderosa de Àngel Òdena, un cantante de bello timbre que ofreció sus mejores prestaciones durante el tercer acto. Llegados a este punto, debemos destacar a la soprano gallega Lucía iglesias, que bordó el papel de Sophie, recibiendo una gran ovación por parte del público cuando salió a saludar al finalizar la representación. Impecable como actriz, estuvo sobresaliente en su debut en Bilbao deleitando a los asistentes con momentos canoros de gran belleza como el aria ‘Du gai soleil’.
La mezzosoprano italiana Annalisa Stroppa volvió a Bilbao tras su debut como Rosina en 2016, ofreciendo una actuación muy convincente a nivel dramático como Charlotte, firmando los dos últimos actos de absoluta calidad interpretativa. En lo puramente vocal, hay que destacar una voz impactante de muchos decibelios, así como una técnica impecable que pudo ser apreciada en el pasaje ‘Va! Laisse couler mes larmes’, uno de los momentos más bellos de la noche. La solvencia vocal de la cantante de Brescia pudimos vivirla especialmente en el tercer acto, a la hora de afrontar el aria ‘Ah! Mon courage m’abandone!’, donde brilló en las notas altas y a la hora de proyectar su voz por el Euskalduna.
El tenor canario Celso Albelo ofreció un Werther de antología, brillando a nivel vocal desde el aria del primer acto ‘O nature, pleine de grace’, cantada con exquisito gusto y donde pudimos observar que su voz está dotada con el don de la proyección. Tras un final de segundo acto arrebatador, Albelo regaló un tercer acto de antología, coronado con la archiconocida aria ‘Pourquoi me réveiller’, donde hizo alarde de una voz poderosa, como pocas veces hemos visto, y de unos agudos tan contundentes e impactantes que solo están al alcance de uno de los mejores cantantes que ha dado el siglo XXI.
Para enmarcar, el posterior dúo a plena voz junto a la mezzo Stroppa, muy aplaudido por un público rendido ante una voz de muchos quilates y una potencia descomunal de uno de los mejores intérpretes del personaje romántico de Massenet que se pueden escuchar en la actualidad. A nivel interpretativo, Albelo, a sus 50 años, ha adquirido una gran madurez, como pudimos apreciar en el último acto, ofreciendo una masteclass a la hora de cantar tumbado los últimos pasajes previos a su muerte.
De Alfredo Kraus a Celso Albelo… para el que firma estas líneas es tremendamente emocionante comprobar que Werther, después de tantos años, sigue siendo territorio canario.



