Pro Ópera

I Capuleti e i Montecchi en Barcelona

Noviembre 2, 2026. La ópera de Vincenzo Bellinivolvió al Liceu de Barcelona en una nueva coproducción con la Opéra Royal de Wallonie, tras diez años de ausencia. El nuevo espectáculo dirigido por Allex Aguilera (ya visto en Lieja) no pasará a la historia, pero no molestó. Tuvo vestuario del siglo XIX, un decorado único y minimalista (un cubo y el perfil de una torre), un poco de agua que siempre da reflejos, y unos bailarines para el final del primer acto que mejor habrían estado en su casa (no por cómo bailaron sino por lo que se les hizo bailar). La dirección de artistas no brilló por su inventividad y la del coro intentó romper con las presentaciones hieráticas y en fila, aunque no siempre lo consiguió.

Dirigió Riccardo Frizza, batuta conocida por su afinidad con este repertorio y que, tras una buena versión de la obertura, concertó con acierto, tal vez más en los momentos recogidos, ya que en aquellos en los que predomina el forte, alguna voz quedó penalizada. Muy bien la orquesta y la sección masculina del coro (preparado, como de costumbre, por Pablo Assante).

De los intérpretes, hay que destacar sobre a todo a la magnífica Giulietta de Lisette Oropesa, una verdadera especialista, aunque el público (numeroso, pero sin colmar las localidades) esperó al final para ovacionarla mientras durante la función retaceó sus aplausos (solo para sus dos escenas y los dúos). Bellos agudos, suficiente centro y dominio de la messa di voce configuraron una visión ejemplar del personaje. 

Iván Ayón Rivas fue un muy buen Tebaldo, en la medida en que este personaje puede serlo: cantó muy bien su aria de entrada y el dúo con Romeo y, en sus otras escasas intervenciones, resultó muy digno, con suficiente caudal, buen acento y extensión. Para el personaje de Romeo —que en esta versión es un condottiero (líder) y no un joven romántico— se contó con el debut de la mezzo Raffaella Lupinacci, que había escuchado hace tiempo en Bérgamo. Es una joven y voluntariosa cantante, aunque ni por figura ni medios parece lo ideal para la parte. Lo mejor estuvo en sus momentos más íntimos y de allí que su actuación culminara en el arioso del último cuadro ‘Deh tu, bell’anima’. 

Marko Mimica fue un correcto “doctor” Lorenzo, de buena planta y buena voz a veces con alguna oscilación en la entonación. Insuficiente en todos los aspectos el bajo Alejando López como el irascible padre de la protagonista, Capellio. Por problemas de agenda no podré ver el segundo reparto, en que cantarán Marina Monzó (Julieta), Caterina Piva (Romeo) y Antoni Literes (Tebaldo). 

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