Agosto 16, 2026. El viaje a Reims ocupa hoy un lugar singular en el catálogo de Gioachino Rossini: pocos habrían imaginado que una obra concebida como una celebración circunstancial de la coronación de Carlos X terminaría convirtiéndose, dos siglos después, en uno de los títulos más emblemáticos del Rossini Opera Festival (ROF) de Pésaro y en un auténtico banco de pruebas para las nuevas generaciones de bel canto.
Compuesta en 1825 sobre un libreto de Luigi Balochi, la ópera nació como dramma giocoso destinado a celebrar en París la coronación de Carlos X. Su argumento reúne en un balneario de Plombières a un improbable grupo de aristócratas, artistas y viajeros procedentes de distintas naciones europeas, todos deseosos de llegar a Reims para asistir a la ceremonia. El viaje, sin embargo, nunca llegará a realizarse, por lo que terminan organizando su propia gran fiesta en el hotel.
Su recuperación moderna constituye uno de los grandes acontecimientos de la llamada Rossini Renaissance. En 1984, el ROF devolvió la obra a los escenarios mediante una reconstrucción académica con la dirección de Claudio Abbado y la puesta en escena de Luca Ronconi. Desde entonces, el título ha conocido numerosas producciones internacionales y se ha acercado progresivamente al centenar de montajes y a un número de representaciones cercano al millar.
En Pésaro, además, adquirió una función particularmente significativa: desde hace aproximadamente un cuarto de siglo es uno de los principales vehículos de presentación de los jóvenes cantantes de la Accademia Rossiniana “Alberto Zedda”, dentro del Festival Giovane. Su estructura coral, la abundancia de personajes y la exigencia virtuosística hacen de la obra un verdadero reto para intérpretes que aspiran a dominar el lenguaje rossiniano.
De aquí nace la ya histórica producción firmada por Emilio Sagi en 2001, con elementos escénicos y vestuario de Pepa Ojanguren, cuyo revival es curado anualmente por Matteo Anselmi. La propuesta ha acompañado durante años el crecimiento de varias generaciones de jóvenes intérpretes y se ha transformado, más que en una simple reposición, en uno de los rituales del verano rossiniano de Pesaro.
En esta edición, al frente de la Orchestra Filarmonica Gioachino Rossini, la joven batuta de Sieva Borzak optó por una lectura ágil y minuciosa, especialmente cuidada en los detalles tímbricos, con unas cuerdas fluidas y unos alientos perfilados. La orquesta respondió con cohesión y claridad, confirmando una sólida solvencia estilística en el repertorio belcantista. El resultado fue, en conjunto, una interpretación vibrante y rítmica, en la que el director italo-ruso supo dosificar con equilibrio las dinámicas y los contrastes expresivos. Apoyada en una gestualidad amplia y enérgica, la dirección de Borzak se distinguió por su vivacidad en los concertantes finales, realzando con sensibilidad las distintas dinámicas de la partitura.
En el escenario, el primer elenco de jóvenes cantantes demostró un altísimo nivel en conjunto, confirmando que la juventud y el enorme talento pueden ir de la mano. A pesar de la gran cantidad de extraUE (procedentes de países fuera de la Unión Europea), el nivel vocal y actoral de los cantantes fue muy alto.
Kanako Tominaga interpretó a la propietaria de Il Giglio d’Oro con excelentes sobreagudos y agilidad en los textos veloces. Su Madama Cortese mostró un muy buen dominio del escenario durante su aria ‘Di vaghi raggi adorno’, aunque donde más lució fue en el sillabato y la velocidad de la parte final: ‘Or state attenti, badate bene’. Por su parte, la voz de Martina Saviano como la improvisadora romana Corinna demostró un excelente dominio del legato, tanto en la angelical ‘Arpa gentil’, acompañada desde el palco real, como en la improvisación final ‘All’ombra amena’, donde se lució como una auténtica poetisa belcantista. La amante de la moda, siempre preocupada por su vestimenta destruida, la Contessa di Folleville de Aziza Omarova fue clara, musical y bien interpretada en su aria ‘Partir, o ciel! Desio’.
Sólida tanto vocal como escénicamente fue la pareja formada por el Conde Libenskof de Enrico Basso y su enamorada, la Marchesa Melibea, interpretada por Martina Myskohlid. La voz del tenor es elegante y refinada, particularmente en los agudos, mientras que la de la mezzosoprano es aterciopelada y generosa. Ambos evidenciaron una calidad excepcional en cuanto a presencia escénica en el duetto ‘Di che son reo? D’alma celeste’.
Por su parte, el seductor Cavalier Belfiore de Yukang Zheng fue desinhibido en escena y posee la clásica voz de tenor ligero, idónea para este repertorio. El duetto ‘Nel suo divin sembiante’ con Corinna fue divertido y bien ejecutado, al igual que su pronunciación del italiano. Igualmente convincente y simpático fue el Don Profondo de Davor Nekjak, quien también dominó la pronunciación del italiano e incluso tuvo una gran aceptación con la tradicional imitación de los acentos en otros idiomas en su aria ‘Medaglie incomparabili’.
El Barone di Trombonok de Edoardo Di Cecco demostró un verdadero dominio de la interpretación escénica, acompañado de una voz solvente. Lástima que no tenga un aria solista. Como Lord Sidney, William Meinert demostró una calidad destacada en el timbre, en particular en el registro grave, así como una buena presencia escénica durante su aria, acompañada bellamente por la flauta.
El médico del hotel, Don Prudenzio, interpretado por Kairui Liu, así como el Don Alvaro de Taiyo Abe, gozaron de buen timbre, homogeneidad y articulación. No debe pasarse por alto la participación, siempre correcta y en estilo, de Jiahui Mo (Luigino), Hana Ilcic (Delia), Hope Nelson (Maddalena), Madina Abildina (Modestina), Dongjae Son (Zefirino/Gelsomino) y Keisuke Onoda (Antonio).
Larga vida, pues, a la ya tradicional producción en batas blancas de este extraordinario título rossiniano que, para quienes lo siguen año tras año, ofrece la oportunidad de comprobar el gran número de cantantes de excelente calidad que pasan por la academia pesarese. Un espectáculo que permite disfrutar de estos jóvenes talentos que, con toda probabilidad, veremos en el futuro desarrollando sus carreras profesionales en los teatros y en el repertorio belcantista.


