Enero 18, 2021. Justo a un año de su último concierto en el Liceu, volvió Javier Camarena a Barcelona para debutar en el Palau de la música en un concierto de canto acompañado por ‘su’ pianista, a quien alabó mucho (así como una parte del público que desplegó asimismo una enorme bandera mexicana), Ángel Rodríguez. El intérprete tuvo una aparición en solitario en un arreglo del tema de amor de Los paraguas de Cherburgo, de Legrand. A mí me pareció correcto, pero no sobresaliente, en especial en su gesticulación ampulosa en los momentos fuertes donde el piano suena mucho, pero a veces es más ruido que música.
El celebrado y simpático tenor (ganó uno de los concursos Viñas, que precisamente se desarrolla en estos momentos) explicó el programa al no haber más que uno virtual, que no toda la gente sabe descargar (y que a mí me da pereza leer) y lo hizo con gran idoneidad en particular cuando presentó las tres primeras piezas, arias de Donizetti, que fueron lo más arriesgado de todo el programa (de Rita, en francés, una de las alternativas de Lucrezia Borgia y de la Betly) interpretadas de forma sobresaliente.
Luego pasó a canciones italianas de De Crescenzo y Tosti, pero del bloque sobresalieron las napolitanas ‘A vucchella’ del último de los nombrados y ‘Passione’ de Tagliaferro, Bovio y Valente, en particular la primera, una verdadera exquisitez.
Siguió un homenaje a la zarzuela con ‘Mujer de los ojos negros’ de El huésped del sevillano de Guerrero, y las mexicanas ‘Perfidia’ de Domínguez y una selección de José Alfredo Jiménez. Al llegar a los bises, habló con emoción de la presente situación y en homenaje a quienes no han podido superarla y en particular a un amigo perdido recientemente en razón de la pandemia cantó, de Manzanero, ‘Esta tarde vi llover’ y luego agregó, como hace un año, y en homenaje al público catalán la conocida ‘Rosó’ de Josep Ribas. Las ovaciones fueron en aumento y la sala estaba llena en su capacidad actual al anularse el segundo de los dos conciertos que debía ofrecer el artista.


