Pro Ópera

La scala di seta en Pésaro

Agosto 13, 2026. Este título ocupa un lugar singular dentro de la producción temprana de Gioachino Rossini. Compuesta en 1812 para el Teatro San Moisè de Venecia, forma parte de ese reducido grupo de farsas en un acto que el joven compositor de tan solo 20 años de edad escribió durante una de las etapas más vertiginosas de su carrera. Sigue la tradición de la opera buffa settecentesca: un enredo amoroso construido a partir de equívocos, ocultamientos, identidades y situaciones imprevistas.

La recuperación de La scala di seta ocupa además un lugar importante dentro de la labor de investigación y restitución filológica desarrollada por el Rossini Opera Festival de Pésaro a lo largo de sus más de tres décadas de actividad. Tras las anteriores producciones firmadas por Jean-Pierre Ponnelle y Luca De Filippo, el festival recupera en esta ocasión el montaje de Damiano Michieletto realizado en 2009. Para esta reposición se utilizó la edición crítica preparada por el musicólogo sueco Anders Wiklund, basada en la fuente autógrafa conservada en Estocolmo.

La historia de este manuscrito añade un capítulo particularmente curioso a la recuperación de la obra. El documento fue conservado por Rudolf Nydahl, antiguo comandante de marina y posteriormente comerciante de licores, quien tras acumular una considerable fortuna, abandonó los negocios para dedicarse a su pasión por la música. Nydahl, durante el periodo de entreguerras, se convirtió en un importante coleccionista de partituras originales, incluidos varios autógrafos de Rossini. El manuscrito forma hoy parte de los fondos de la Stiftelsen Musikkulturens Främjande, institución que ha permitido preservar una fuente fundamental para el conocimiento de la partitura.

La propuesta de Michieletto, concebida junto a Paolo Fantin, diseñador de la escenografía y el vestuario, parte de una idea tan sencilla como eficaz: convertir el espacio habitacional en una suerte de mecanismo teatral visible. El escenario aparece ocupado por un plano arquitectónico a escala real, del hipotético apartamento de Giulia, situado en Pésaro, específicamente en Via Rossini número 2. Sobre el suelo se encuentra dibujada la distribución de las diferentes habitaciones, con la disposición prevista para los muebles, mientras un gran espejo inclinado atraviesa transversalmente el escenario y permite contemplar el espacio desde una perspectiva superior. El montaje está inspirado en Dogville, la película de Lars von Trier. Como en aquella particular producción cinematográfica, las paredes desaparecen y los límites de los espacios quedan reducidos a líneas sobre el suelo. El apartamento se transforma en una máquina de juego, perfectamente adaptada a dramaturgia que depende de desplazamientos, escondites y equívocos que funcionan gracias a la imaginación del espectador.

Los vestuarios, también de Fantin, contribuyen a la personalidad visual del montaje pues son modernos y coherentes con la producción, vemos a Giulia de pants mientras hace ejercicio, o a Germano con su uniforme de mayordomo. La iluminación de Alessandro Carletti completa la genialidad creativa. Su función consiste en definir, aislar y transformar la luz, permitiendo que las diferentes zonas de la casa/plano arquitectónico adquieran una identidad propia según las exigencias de la acción.

Desde el foso, el mexicano Iván López-Reynoso ofreció una dirección sólida, al frente de una orquesta del Teatro Comunale di Bologna brillante y reactiva. Aunque consiguió mantener la energía y el dinamismo de la acción, su lectura resultó por momentos demasiado cautelosa y académica, con propuestas rígidas y dinámicas poco contrastadas. El resultado general fue correcto y funcional; sin embargo, la concertación resultó a veces desconectada, en particular en el divertidísimo cuarteto ‘Sì che unito a cara sposa’ —que necesita una precisión quirúrgica— y que aquí careció del brillo necesario; igualmente, el Finale resultó algo improvisado.

En el elenco destacó especialmente Paolo Bordogna como Germano, auténtico protagonista de la velada. Su experiencia rossiniana, dominio escénico y extraordinaria variedad expresiva le permitieron construir un personaje cómico irresistible, sin caer en la vulgaridad o en la sobreactuación a pesar de interpretar a Germano como un mayordomo filipino que no domina el idioma. El barítono milanés sobresalió gracias a su dominio del canto silabado y a una caracterización llena de matices.

Hasmik Torosyan fue una Giulia de voz fresca, clara y agradable, con buena seguridad en la coloratura y sensibilidad para el canto más matizado. En ‘Il mio ben sospiro e chiamo’, la soprano armenia mostró excelente musicalidad, condición fisica y dominio técnico.

El tenor australiano Alasdair Kent ofreció un Dorvil musicalmente cuidado, de timbre claro y agradable, buena dicción y excelente sentido del estilo. Su volumen limitado en la zona aguda le ocasionó alguna tensión, pero compensó estas dificultades con musicalidad, afinación, bellas cadencias y una interpretación especialmente lograda de ‘Vedrò qual sommo incanto’. 

El barítono ucraniano Iurii Samoilov, como Blansac, destacó por su vis cómica y por una presencia escénica briosa y eficaz. De voz potente e aterciopelada, construyó un personaje divertido y suficientemente caracterizado, evitando que los rasgos más vulgares del personaje depravado se volvieran excesivos.

La mezzosoprano italiana Mara Gaudenzi fue una Lucilla especialmente destacada, con un bello timbre efervescente y una sensualidad inteligente. Su interpretación de ‘Sento talor nel core’ evidenció tanto sus cualidades vocales como una notable desenvoltura escénica. Por su parte, el tenor italiano Enrico Iviglia, como Dormont, ofreció una interpretación correcta y simpática, especialmente por su dimensión de viejo entrometido y cómicamente torpe.

El público de Pésaro recibió calurosamente a todo el elenco, con especial entusiasmo por Bordogna, además de reconocer el trabajo del equipo creativo y de la orquesta. La producción, en escena desde 2009 continúa demostrando una notable eficacia teatral.

Alasdair Kent (Dorvil) y Hasmik Torosyan (Giulia) © ROF

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