Pro Ópera

La traviata en Verona

Agosto 6, 2026. Única nueva producción escénica de la presente temporada de la Arena de Verona, el regreso de la popular y taquillera La traviata de Giuseppe Verdi, generó gran expectativa. A cargo de esta nueva propuesta escénica, el reputado director escocés Paul Curran concibió un espectáculo original que, sin recurrir a grandes innovaciones y respetando la trama, permitió disfrutar de la ópera sin grandes sobresaltos. 

La acción fue trasladada del París de mediados del siglo XIX a los primeros años del siglo XX, en plena Belle Époque, recurso que le permitió incorporar a su propuesta la estética del mundo nocturno de Montmartre y, especialmente, la de la célebre casa de espectáculos parisina: el Moulin Rouge, convirtiéndola en el eje central del espectáculo y a Violetta en una auténtica celebridad del mundo del entretenimiento de esta casa. Con una visión marcadamente cinematográfica, la propuesta estableció además una conexión directa con la película homónima de Baz Luhrmann, estrenada en 2001, cuyo universo visual constituyó una de las principales referencias de esta puesta en escena.

La escenografía realista de Juan Guillermo Nova reconstruyó con gran fidelidad el ambiente de la famosa sala de espectáculos parisina, situando un enorme escenario en el centro y, a ambos lados, dos de sus símbolos históricos: un gigantesco molino rojo y el decorativo y exótico elefante de inspiración oriental, que había formado parte de las principales atracciones del establecimiento en sus inicios. 

En las escenas más íntimas, la escenografía se transformó eficazmente para representar los espacios privados en los que se desarrolla la acción entre Violetta y Alfredo, alejándose del ambiente festivo, lujoso y desbordante de las grandes escenas de conjunto. Lo mismo sucedió con el bellísimo vestuario de Stefano Ciammitti que, cuidado hasta el más mínimo detalle, acentuó el contraste entre el ambiente nocturno de la Belle Époque parisina y el ámbito privado e íntimo de Violetta, acompañando con sutileza la transformación de la protagonista, desde la deslumbrante cortesana del Moulin Rouge hasta la mujer vulnerable y sacrificada del último acto. 

En la misma línea, muy acertada resultó la iluminación de Fabio Barettin, que contribuyó de manera decisiva a definir las distintas atmósferas y a reforzar los contrastes entre el bullicioso mundo del espectáculo y la progresiva intimidad del drama. Excelente trabajo de Kyle Lang, cuyas coreografías, incorporadas con inteligencia al desarrollo de la acción, aportaron dinamismo a las escenas de conjunto y constituyeron un soporte esencial para la riqueza visual del espectáculo. Finalmente, cabe destacar la excelente dirección actoral de los solistas vocales y el cuidado puesto en la construcción de sus relaciones escénicas, así como la particularmente lograda integración de los coros, los bailarines y los figurantes, todos ellos perfectamente incorporados al desarrollo de la acción. 

Curran se distingue asimismo por la atención prestada a los pequeños detalles, muchos de ellos directamente inspirados en las indicaciones del libreto de Francesco Maria Piave y convertidos aquí en acciones escénicas sencillas, concretas y de gran eficacia teatral. Así, cuando Violetta, postrada y moribunda, escucha a lo lejos el bullicio del carnaval, este no queda reducido a un simple ruido de fondo: el cortejo se ve realmente avanzar por las gradas de la Arena, por encima de la protagonista. Un hallazgo escénico tan sencillo como eficaz, que demuestra la inteligencia con la que Curran da cuerpo a las indicaciones del libreto.

En lo que a la vertiente vocal se refiere, un gran triunfo se apuntó la soprano italiana Rosa Feola, quien construyó una Violetta de muchos méritos, sustentada en una voz de aterciopelado y homogéneo esmalte, buena proyección y, sobre todo, un canto de gran intencionalidad, dúctil y bien coloreado, capaz de cargarse de dramatismo según los requerimientos del personaje. Asimismo, su sólido bagaje técnico le permitió afrontar con solvencia las exigencias del papel, aunque fue en los momentos de mayor intensidad lírica donde encontró el terreno más fértil para ofrecer lo mejor de sus medios. 

En el primer acto, Feola salió airosa de las dificultades de ‘È strano… Sempre libera’, resolviendo con agilidad las coloraturas y con seguridad los ascensos al registro agudo. La soprano imprimió a su ‘È strano’ una expresividad contenida, dejando entrever la transformación interior de Violetta ante el inesperado despertar amoroso. En la cabaletta ‘Sempre libera’, en cambio, mostró un dominio técnico que le permitió sortear con holgura las agilidades y los agudos, sin convertir la célebre cabaletta en un mero ejercicio de virtuosismo. 

Fue, sin embargo, a partir del segundo acto cuando su interpretación alcanzó mayor hondura. Allí su canto adquirió una dimensión más lírica y, a medida que avanzó la ópera, más dramática. Especialmente conmovedoras resultaron su ‘Amami, Alfredo’ y su ‘Addio, del passato’, con un canto cargado de intensa emoción, sin caer nunca en excesos efectistas.

En reemplazo del tenor Enea Scala, originalmente previsto, el joven y ascendente tenor mexicano Galeano Salas resultó una muy agradable sorpresa en el papel de Alfredo Germont. Poseedor de una atractiva voz lírica, dotada de rico color, homogénea en todo el registro y de notable musicalidad, supo sacar un excelente partido de la parte, combinando el ímpetu juvenil del personaje con una expresiva línea de canto. Brilló a más no poder en su aria ‘Lunge da lei’, gracias a la nobleza de su fraseo y, sobre todo, en su cabaletta ‘O mio rimorso! O infamia!’, donde la seguridad y brillantez de sus agudos terminaron de conquistar al público. En muy buena sintonía con la soprano, mostró además una conmovedora entrega emotiva en los dúos ‘Un dì, felice, eterea’ y ‘Parigi, o cara’, en los que pareció dejarlo todo, haciendo evidente la sinceridad de los sentimientos de su personaje.

Como su padre, el severo Giorgio Germont, el barítono italiano Luca Salsi, en una parte que claramente conoce y de la que sabe extraer el máximo partido, exhibió una voz de timbre noble, oscuro y generoso, de gran calidad y acompañada de una irreprochable musicalidad. Su caracterización evitó cualquier exceso de rigidez, permitiendo descubrir progresivamente la dimensión humana de un personaje inicialmente severo e inflexible. Su aria ‘Di Provenza il mar, il suol’, interpretada con una amplia gama de matices expresivos y cargada de humanidad, constituyó uno de los mejores momentos de la velada.

Como Annina, la soprano Francesca Maionchi aportó a la breve parte de la criada de Violetta un relieve poco habitual. Los intérpretes secundarios mostraron muy buen nivel, entre los cuales destacaron particularmente el Gastone del siempre oficioso tenor Carlo Bosi, el Barone Douphol del sonoro barítono Nicolò Ceriani y la Flora Bervoix de la desenvuelta mezzosoprano Anna Werle.

El coro de la casa, dirigido por el Roberto Gabbiani, hizo justicia a las exigencias de la partitura, exhibiendo disciplina, buen empaste, equilibrio entre las diferentes cuerdas y una notable precisión en sus intervenciones. En lo que a la vertiente musical se refiere, el director de orquesta Michele Spotti obtuvo un muy buen rendimiento de los músicos de la orquesta del Festival, ofreciendo una lectura de buen ritmo, tiempos justos, depurado estilo verdiano y cuidada concertación. Especialmente logrados resultaron los preludios de los actos I y III, abordados con delicadeza, lirismo y un refinamiento que fue muy celebrado por el público.

Los numerosos aplausos tributados a los artistas al término de la función, así como la evidente satisfacción que mostró el público, dejaron claro que el montaje de Curran, apoyado en un sólido desempeño musical y vocal, había conseguido plenamente su objetivo. Sin constituir una revisión revolucionaria de la obra, consiguió algo quizá más importante: hacer que una ópera tan frecuentada sobre este escenario como La traviata volviera a resultar cercana, atractiva y capaz de entusiasmar al público de la Arena.

Rosa Feola (Violetta) y Galeano Salas (Alfredo) © Ennevi

Scroll al inicio