Pro Ópera

La verbena de la Paloma en Madrid

Septiembre 23 y 26, 2026. El Teatro de la Zarzuela inició su temporada 2026-2027 llevando a escena una de las partituras más conocidas, populares y representativas del género lírico español: el sainete en un acto La verbena de la Paloma. Es una obra breve, prototipo del género chico y una de las grandes joyas del repertorio, compuesta por el prolífico compositor salmantino Tomás Bretón, uno de los grandes creadores de finales del siglo XIX, cuya música consigue capturar magistralmente el ambiente popular del Madrid de aquellos años. 

El sencillo argumento, sin pretensiones de gran historia y concebido más bien como una fotografía teatral de la ciudad, con libreto del dramaturgo Ricardo de la Vega, gira en torno a los amores y los celos de una pareja de novios durante una noche de fiesta, en el marco de las celebraciones madrileñas de la Virgen de la Paloma.

A título de homenaje al legendario Teatro Apolo de Madrid, donde La verbena de la Paloma vio la luz en 1894, el sainete se presentó precedido de un prólogo cómico-lírico titulado “Adiós, Apolo” con textos de Álvaro Tato, destinado a homenajear a los numerosos artistas que hicieron de aquel coliseo la catedral del género chico en Madrid. La propuesta escénica, en un sugerente juego de teatro dentro del teatro, recreó el ensayo de la última función que habría de celebrarse en 1929, antes de su cierre definitivo, precisamente con la representación de esta obra de Bretón. 

El prólogo, de poco más de media hora de duración, reunió una interesante selección de piezas de compositores como Guerrero, Chueca, Valverde, Serrano y Torregrosa, ofreciendo una certera visión del panorama musical español de finales del siglo XIX y comienzos del XX, en plena efervescencia de la llamada Belle Époque española. Se sucedieron así algunos de los números más representativos del repertorio estrenado en el Apolo: el chotis de la Garçon de El sobre verde, el vals de Neptuno de El año pasado por agua y el del Caballero de Gracia de La Gran Vía, el tango del cinematógrafo de La gente seria, la polca japonesa de El pobre Valbuena y la polca del fotógrafo de El bateo. Todo ello culminó en un emotivo soneto dedicado al histórico coliseo, antes de dar paso a la representación propiamente dicha de La verbena de la Paloma.

Vocalmente, todas las partes fueron defendidas con buenos medios y esmero por un reparto compuesto íntegramente por cantantes españoles. Como el atormentado y extremadamente celoso Julián, el barítono Borja Quiza sacó buen partido de un personaje que conoce al detalle y cuya vocalidad pareció ajustarse a la perfección a sus medios. Su presencia física y su desenvoltura escénica contribuyeron de manera decisiva al muy acertado resultado final de su caracterización. Alternando en la parte, César San Martín no se quedó atrás, luciendo unos medios vocales sólidos que administró con gusto y suprema elegancia. 

Destinataria de los celos de Julián, Susana fue encarnada con notable convicción por las sopranos Carmen Romeu y María Rey-Joly, ambas muy carismáticas en escena, que supieron sacar brillo a la parte gracias a sus bonitos timbres y a una cómoda adaptación a la tesitura. Como era de esperar, las dos parejas fueron celebradísimas en el número más famoso de la obra, el dúo ‘¿Dónde vas con mantón de Manila?’ 

Con mucho oficio escénico, las sopranos Milagros Martín y Gurutze Beitia dieron vida a la temperamental Seña Rita, madrina y protectora de Julián, y a la chulesca y deslenguada Antonia, tía de Casta y Susana, respectivamente. Las sopranos Ana San Martín y Lara Sagastizábal cumplieron asimismo con mucho acierto, aportando por su comicidad y desenvoltura una dimensión poco habitual al personaje de Casta. 

Otra de las grandes triunfadoras de la noche fue la cantaora Sara Salado, quien, como Soleá, contribuyó a recrear a la perfección el ambiente musical y popular de la verbena desde el tablao del Café de Melilla. Su intervención flamenca, ‘En Chiclana me crié’, aportó una pincelada de color y entusiasmo que terminó poniendo al público a sus pies.

Sin caer en excesos y derrochando chispa y una gran variedad de recursos histriónicos, fue muy celebrado el tenor cómico Antonio Comas, quien, como el boticario y viejo verde Don Hilarión, caricatura de cierta masculinidad de la época, pavoneó sus conquistas amorosas con desfachatez. Como su amigo Don Sebastián, tanto Gerardo López como Jorge Rodríguez-Norton ofrecieron un buen contrapunto, con mucho oficio y riqueza de matices interpretativos. Excelente también la labor de Rafa Castejón en sus cometidos como director de escena y tabernero. Los restantes intérpretes completaron con acierto una representación de notable factura vocal. 

El coro titular de la casa, dirigido por Antonio Fauró, sólido y bien preparado, destacó especialmente en las célebres seguidillas ‘¡Por ser la Virgen de la Paloma!’, aportando todo el carácter festivo y el sabor popular que exige la partitura.

La Orquesta de la Comunidad de Madrid realizó una excelente labor bajo la dirección de Carlos Aragón, quien supo sacar a relucir, con buen pulso y solvencia, toda la riqueza musical de una partitura de alto vuelo que, bajo su apariencia de música popular, esconde una escritura mucho más elaborada y sofisticada de lo que podría sugerir una primera escucha.

Alejada de cualquier voluntad de reinterpretación, la tradicional y costumbrista producción escénica de Nuria Castejón dio un marco ideal para el desarrollo fluido de la acción, gracias a un minucioso trabajo de marcación tanto de los intérpretes como de las masas corales. A la atractiva propuesta visual contribuyeron la escenografía realista y detallada de Nicolás Boni, quien recreó fielmente sobre la escena una plaza del Madrid de los Austrias; el bellísimo vestuario de la diseñadora Gabriela Salaverri y la cálida y detallista iluminación de Albert Faura. Las coreografías, también de Castejón, muy integradas en la acción, fueron otro de los puntos fuertes de un espectáculo que conectó de inmediato con la audiencia.

La entusiasta respuesta del público, prolongada en numerosas salidas a escena y en una ovación que parecía no tener fin, confirmó el éxito de esta reposición y rubricó un prometedor comienzo a la nueva temporada del Teatro de la Zarzuela madrileño.

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