Pro Ópera

Los empeños de una casa en el Cenart

Septiembre 8, 2026. Los empeños de una casa (1683), una de las cumbres teatrales de Sor Juana Inés de la Cruz (1648/1651-1695), encontró una nueva lectura llevada a la escena lírica en la pluma del compositor tijuanense José Enrique González Medina (1954). 


La tercera jornada de su ópera homónima fue presentada en versión de concierto el pasado jueves 3 de septiembre en el Auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes (Cenart) y permitió a los asistentes apreciar el trabajo de una partitura que requirió cuatro años y medio de elaboración para adaptar y llevar al canto una trama original de 3,371 versos.


Los empeños de una casa —compuesta con el apoyo de la beca Creadores de Arte del Fonca— es la tercera ópera dentro del catálogo de González Medina y su regreso al género luego de Serafina y Arcángela (2001) y Cómo Nanita aprendió a hacer flan (2003). Aunque la base instrumental fue concebida para una orquesta de cámara de aliento e inspiración barroca (con flautas de pico, cuerdas y clavecín, pero en afinación y lenguaje contemporáneos), el acto escuchado en el Cenart se acompañó al piano por José Luis González, bajo la dirección musical de Pedro Tudón Sáenz.


La comedia, que destaca por la belleza de sus versos y una clara crítica social sobre las decisiones y la conveniencia, plantea un enredado cuadrilátero amoroso en Toledo. Doña Ana ya no quiere a don Juan y busca a don Carlos; pero don Carlos ama a doña Leonor, a quien también pretende don Pedro (hermano de Ana). La trama, donde los protagonistas protegen su amor, se desarrolla entre escondrijos nocturnos, engaños, confusiones, celos y travestismos, entre otros motores teatrales típicos de estas obras.


El concierto en el Auditorio Blas Galindo, con respaldo de la Escuela Superior de Música del INBAL, institución de la que el maestro González Medina es director, se enfocó en la resolución del conflicto durante la tercera y última jornada. En esta parte decisiva, las equivocaciones llegan a su punto más alto cuando el criado Castaño, para poder salir de la casa de doña Ana a entregar una carta, se viste con la ropa de doña Leonor. Don Pedro lo confunde en la oscuridad y le declara su amor, mientras a la par inicia un duelo a ciegas entre Carlos y Juan. Tras más embrollos, huidas y confusiones en la calle con don Rodrigo, los personajes regresan a la casa y los verdaderos sentimientos salen a la luz, con la infaltable disculpa por las faltas cometidas. 


La interpretación vocal de este desenlace estuvo a cargo de la soprano Marlene Palomares como Doña Leonor, mientras que su colega de tesitura, Alejandrina Vázquez, dio vida a Doña Ana. El elenco se completó con la mezzosoprano Frida Portillo como Celia, el contratenor Rubén Berroeta en el personaje de Castaño, el tenor Rodrigo Garciarroyo como Don Carlos, el también tenor Alfredo Rodríguez en el rol de Don Juan, el bajo Antonio Azpiri haciendo el doble papel de Don Pedro y Hernando, y el barítono Juan Carlos Navarro como Don Rodrigo.

Al final, esta presentación musical sirvió de inspirado ejemplo sobre cómo la lírica contemporánea puede dialogar con el teatro clásico novohispano, a la vez que mostró que el texto de Sor Juana mantiene su fuerza y se adapta con naturalidad a la voz cantada, en una colaboración del compositor González Medina con una indirecta, pero magnífica libretista.



Los empeños de una casa en concierto en el Auditorio Blas Galindo del Cenart

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