Macbeth en Sofía

Febrero 26, 27, 28 y marzo 1, 2026. La compañía de ópera y ballet de Sofía, Bulgaria, cosechó un nuevo éxito al poner en escena Macbeth de Giuseppe Verdi, presentada en la segunda parte de su actual temporada. La producción, firmada por Vera Petrova, constituyó uno de los pilares del triunfo de esta reposición. 

Marcado por la violencia, la corrupción, la ambición de poder, y envuelto en un sugerente halo de thriller psicológico, Petrova ofreció un espectáculo de gran solidez teatral que denotó un minucioso y profundo trabajo previo. Con una estética moderna, en la que lo real y lo imaginario se entrelazaron constantemente, la directora de escena se mantuvo respetuosa a la línea narrativa original de la ópera, lo que permitió que el público más conservador de la casa disfrutara del espectáculo sin sobresaltos. 

El único elemento innovador fue una figura simbólica —encarnada por el bailarín Alexander Alexandrov— que, sin intervenir vocalmente, surgió de forma enigmática para guiar la acción y reforzar la atmósfera sobrenatural del drama. Tanto la escenografía austera, monocromática y de líneas medievales, como el bellísimo vestuario gótico, ambos firmados por Maria Koleva, fusionaron a la perfección el mundo real y el metafísico propuesto por Petrova. El diseño de iluminación de Andrej Hajdinjak contribuyó a aportar una atmósfera opresiva y sangrienta acorde con el clima trágico de la obra, mientras que las coreografías de Riolina Topalova añadieron calidad a la vertiente visual del espectáculo. 

Desde el foso, el debutante director italiano Alessandro D’Agostini mostró, desde los primeros compases, un profundo conocimiento de la partitura verdiana. Al frente de la orquesta de la casa ofreció una lectura cuidada e intensa, rica en contrastes y atenta a coordinar del mejor modo la labor de los cantantes y los músicos. En el apartado vocal, los diferentes repartos convocados mantuvieron un elevado nivel de calidad. 

A cargo del personaje protagonista, el barítono Biser Georgiev hizo gala de un instrumento de bello esmalte y de apreciable potencia, pero su línea de canto resultó irregular, con agudos nasales y graves que en ocasiones se parecieron livianos para darle autoridad y densidad dramática a la parte. Sumó mucho a su labor, la intencionalidad que imprimió a su canto y con la que logró llevar a buen puerto su composición del ambicioso noble escocés. Alternándose en la parte, Ventseslav Anastasov expuso una voz más robusta y homogénea, lamentándose que su aproximación al personaje de Macbeth adoleciera de refinamiento y matices expresivos. Fue el tercer intérprete convocado, Plamen Dimitrov, quien ofreció la caracterización más convincente y rotunda del protagonista verdiano. Dotado de una voz potente, densa y bien proyectada, el barítono búlgaro construyó un retrato de gran relieve dramático, reflejando con numerosos acentos vocales la progresiva degradación moral del héroe militar transformado por su ambición en un despiadado asesino. Su interpretación del aria ‘Pietà, rispetto, onore’ provocó mucho entusiasmo en el público. 

La compleja figura de Lady Macbeth, eje dramático de la ópera, encontró intérpretes de gran solvencia. Única cantante extranjera del reparto, a la soprano Alessandra di Giorgio, se escuchó especialmente cómoda en la parte, delineando un personaje de gran autoridad vocal y escénica. Su voz de poderosa proyección, rica en colores y sostenida por una técnica sólida, sacó buen partido de la exigente parte. Brilló con especial intensidad en las arias ‘Ambizioso spirto’ y ‘La luce langue’, páginas en las que destacó tanto por la calidad de su canto como por su implicación dramática. Por su parte, la soprano Gabriela Georgieva ofreció una caracterización de notable interés, sostenida por un canto elegante y un fraseo cuidadosamente intencionado. Su voz amplia, cálida y de bello legato encontró su momento más inspirado en la escena del sonambulismo ‘Una macchia è qui tuttora’, por lo que se hizo acreedora a una buena parte de las ovaciones finales de su noche. Finalmente, Radostina Nikolaeva dejó igualmente una impresión muy favorable impresión con su caracterización de Lady Macbeth. Su voz de soprano spinto-dramática, de sólido centro y agudos firmes, afrontó sin mayores dificultades las exigencias de la escritura de la parte. Asimismo, gracias a un acusado instinto escénico, logró perfilar un personaje convincente y bien delineado. 

En el papel de Banquo, Petar Buchkov y Svetozar Rangelov resolvieron la parte con notable profesionalismo: el primero destacó por sus graves profundos y cavernosos, mientras que el segundo aportó un canto expresivo y de acentos elegantes a su interpretación. Con aproximaciones diferentes del personaje de Macduff, Daniel Damyanov alardeó de su voz de tenor spinto, potente y de acento vigoroso, para delinear un noble escocés pletórico de heroísmo. Emil Pavlov, por su parte, recurrió a un instrumento de naturaleza más lírica que, administrado con inteligencia, musicalidad y riqueza de matices, dio lugar a una interpretación particularmente emotiva. Su ‘Ah, la paterna mano’ alcanzó tal intensidad expresiva que habría conmovido incluso al oyente más impasible. 

Como Malcolm, heredero legítimo del trono, el tenor Hrisimir Damyanov cumplió correctamente con su cometido. Completaron el reparto con buen nivel Daniela Pachevska y Ivanka Ninova como las damas de Lady Macbeth, Nikolay Petrov en el papel del médico y Anton Andreev como el sirviente del tirano. Otro de los grandes triunfadores de la reposición fue el coro de la casa, que supo sacar pleno partido al destacado papel que Verdi le confía en esta ópera, para exhibir una preparación sólida, un empaste muy cuidado y un equilibrado balance entre sus cuerdas. Su doliente lamento ‘Patria oppressa’ fue, sin duda, uno de los momentos más logrados, conmovedores y ovacionados de cada representación.

En definitiva, una reposición de gran nivel que confirmó, una vez más, el excelente momento artístico de la compañía y que se erigió como una de las citas imprescindibles de una temporada de mucho brillo.

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