Turandot en Atlanta

Mayo 3, 2026. Muchos han tratado de componer un final a Turandot, que quedara inconcluso por la muerte de Giacomo Puccini. Antes de morir por un cáncer en la garganta, debido al excesivo uso del tabaco, Puccini, sabiendo que pronto iba a morir, le encargó al director de orquesta Arturo Toscanini que cuidara de su obra Turandot con esmero. Escogió el final compuesto por Franco Alfano, por considerarlo el más apropiado, pero no el mejor. 

La trama fue sacada de un cuento persa que trata de una cruel princesa china que se resiste al matrimonio y solamente se casará con el príncipe que sea capaz de resolver las tres adivinanzas que ella le proporciona y, en caso de no poder hacerlo, este príncipe sería degollado y su cabeza expuesta será a los ojos de la muchedumbre. 

Toscanini nunca estuvo contento con esta ópera y después de la tercera presentación, la abandonó. Después del aria de Liù, ‘Tu che di gel sei cinta’, donde murió Puccini sin finalizar la ópera, Toscanini bajó la batuta y expresó: “Y aquí el maestro (Puccini) dejó caer la pluma.” Era el año 1926 y no fue hasta 1996 que China fastuosamente presentó por primera vez en su suelo la ópera Turandot, que la habían considerado enemiga de China, por la crueldad que manifestaba en su libreto.

Con el pasar del tiempo muchas compañías de ópera han presentado diversos finales a esta obra, siendo el más popular el compuesto por Alfano. La Ópera de Atlanta presenta Turandot en coproducción con la Ópera de Oviedo y, al igual de muchas otras casas de ópera, trata de ser original y encontrar el final ideal, sin éxito. Cambiaron el libreto y movieron el aria de Turandot, donde ella presenta las adivinanzas, al tercer acto, hecho que confundió al público que tanto ama esta ópera. La producción carece de la elegancia y finura que siempre ha caracterizado esta ópera y la convierte en una casi parodia.

El vestuario fue confuso, mostrando a Calaf vestido a la Indiana Jones en un safari, portando una pistola al cinto. Liù, la esclava, está enfundada en un moderno abrigo de invierno que oculta lo que parece ser un camisón de dormir. El emperador aparece vestido como mago, Turandot en una enorme falda que parece una pantalla de lámpara, y los ministros Ping, Pang y Pong, figuras de ajedrez.

Mientras la parte visual deja mucho que desear, su contraparte musical es maravillosa.  El joven conductor mexicano Iván López Reynoso es una joya. De principio a fin le dio vida a la música como si fuera el jefe máximo. A pesar de sus cortos años, le ha dado la vuelta al mundo cosechando fama. 

Esta descabellada producción no supo proporcionar belleza visual, pero contiene excelentes voces. Calaf es el tenor Jonathan Burton, con buena voz, pero falto de potencia para tan importante rol, vino decayendo paulatinamente. Muy importante, la actuación de la joven soprano armenia Juliana Grogoryan como Liù, quien ha ganado varios premios en distintos concursos, incluyendo Operalia. Su técnica es perfecta, la voz robusta y elástica, capaz de interpretar cualquier repertorio lírico. En esta oportunidad exageró el pianissimo en un par de oportunidades. Su actuación necesita más entrenamiento, pero es una soprano que hay que tener en cuenta, pues cuenta con una voz privilegiada.

Los ministros jugaron un papel importante y algo jocoso. Muy buenas voces, las del tenor Waid Odle, con un sonido melodioso, el tenor lírico Terrence Chin-Loy y el barítono cubano Eleomar Cuello, que ya tiene una buena trayectoria y promete gran futuro. Buena actuación del bajo Peixin Chen, como Timur.

La renombrada soprano Angela Meade se ha hecho dueña del papel de Turandot, con una hermosa voz de trueno capaz de llegar al más apartado rincón del planeta. Pero, sin duda, el ganador de esta prueba ha sido el concertador Iván López Reynoso, que logró un apasionante resultado con su orquesta. Al final de la ópera salieron muchos espectadores convertidos en tenores, tarareando el ‘Nessun dorma’.

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