Violanta en Berlín 

Febrero 4, 2026. Más vale tarde que nunca, y así sucedió con esta obra de Erich Wolfgang Korngold (1897-1957), un compositor que fue influenciado por la Segunda Escuela Vienesa, pero nunca fue parte de ella. Su sonido orquestal es pleno, muy envolvente, bello y semimoderno a la vez: es una lujuria cromática.

Esta es su segunda ópera, cuya premiere tuvo lugar en Múnich hace casi exactamente 110 años, al ser estrenada el 28 de marzo de 1916. No es una obra totalmente desconocida: se ha visto en Turín y en Buenos Aires, y existe una grabación grabada en Múnich en 1980. Pero Korngold no es tampoco un compositor que pertenece al repertorio, aunque algunas de sus obras, como Die tote Stadt (estrenada en 1920), es vista con un poco más de frecuencia. 

Violanta es una obra en un acto, pero no se engañe el lector: sucede mucho dentro de esa hora y 15 minutos. Sigmund Freud se hubiera entretenido mucho con ella. En esta premiere berlinesa se decidió comenzar con dos obras orquestales breves, una de ellas A fancy de John Dowland, seguida de Präludium aus “Drei Orchesterstücke opus 6” de Alban Berg. A estas dos obras se dio la misión de introducir el ambiente triste y cerrado de la ópera que seguiría. 

Ninguna de las dos obras que se tocaron en escena alegran o inspiran a una triste figura también en escena que se recluye, la de Violanta. La producción de David Hermann se basa en una imagen, dos círculos grandes, uno arriba y otro abajo. El circulo inferior es una plataforma que sube (y luego baja) como un tirabuzón. En el interior se ven pequeños cuartos con puertas, los personajes ascienden este así llamado “corcho” y entran en otros espacios, mientras que por encima de todo se encuentra la figura imponente de Simone, el esposo de Violanta. 

La obra en sí es compleja, pues la hermana de Violanta ha sido violada por Alfonso, el hijo del rey de Nápoles, y ella se ha suicidado. Violanta contiene su resentimiento hasta que llega el Carnaval y propone seducir a Alfonso y llevarlo a un lugar donde lo esperará Simone, quien lo asesinará. Solo basta que Violanta cante una canción como señal. Pero como toda obra de este período de incertidumbre y fantasías conflictivas, Violanta descubre que se ha enamorado de Alfonso y al cantar finalmente la canción/señal, Simone la descubre en brazos de Alfonso y la acuchilla al interponerse ella frente a Alfonso. Violanta es el sacrificio personal de una mujer que decide moirir antes de seguir una vida de opresión.

La época de carnaval es —como en casi toda obra de este período— un símbolo, al igual que el disfraz en las obras de Mozart/Da Ponte. Los disfraces permiten a los personajes asumir otras personalidades. La producción de Hermann es coherente, siendo concentrada en lo que es importante, y reforzando la atención del espectador hacia no solo la figura de Violanta, sino a los otros roles que la rodean con sus propios problemas psicológicos y signficados.

Si Simone representa la estabilidad, Alfonso representa el ideal, mientras que Violanta es la figura en la encrucijada, donde el odio se convierte en pasión. Violanta no pertenece a ese mundo. En este ambiente oscuro la música de Korngold provee la luminosidad con sonidos de gran belleza, el comienzo es de una delicadeza exquisita, y permite que se escuche una especie de leitmotiv de cuatro notas en la sección a tempo de flautas acompañadas por violines. Korngold también es un experto en el gran sonido orquestal: los grandes momentos dramáticos en sus manos son algo extraordinario, comparables a los grandes momentos orquestales wagnerianos, pero más ricos cromáticamente. 

Las tesituras son difíciles, especialmente la del tenor Alfonso que, como en casi todos los compositores de este período (incluyendo a Richard Strauss), es extremadamente agudo. Es interesante notar que la melodía más larga que se transforma en escena larga, es la de Alfonso ‘Sterben wollt ich oft’(‘Muchas veces quise morir’). Puede también decirse con confianza que esta es una obra feminista, tan de la época —o Zeitgeist— cuando se comenzaba un proceso que llevó a lograr el voto femenino y a abrir puertas que antes estaban cerradas a las mujeres. (Si el lector desea profundizar en este tema, le recomiendo leer acerca de Fanny, la condesa de Reventlow.) 

Esta sí que es una obra que necesita una de esas producciones modernas —llamadas Konzept— pues no se puede seguir al pie de la letra la escenificación y actuación descritas en la partitura. Hay que crear un ambiente donde la psicología de los cantantes domine la acción, dentro de un espacio indefinido, artificial, donde el psicoanálisis se siente cómodo. Y así sucedió con esta producción, que provocó al espectador a pensar más alla de lo que se lee en el programa.

La figura de Violanta aparece vestida de largo, atractiva, misteriosa, llena de conflictos. La soprano americana Laura Wilde dio a su rol todo lo requerido: los arranques de rabia, de duda, de desear amor y descubrir que ese amor que busca la llevará a la muerte, que en este caso significa liberación. Su canto no dejó nada por desear, con voz firme en todo el rango, los extremos agudos a forte nitidos y precisos. Una excelente creación. 

Simone es un personaje que representa la estabilidad, pero también la estrechez mental. El rol es para un bajo-barítono (típico villano, aunque no lo sea) y Ólafur Sigurdarson le dio relieve con su imponente y robusta figura. La voz es feroz, pero posee también dulzura, por ejemplo, en el dúo con Violanta. Mihalis Culpajevs fue presentado como una figura semi andrógina, vestido de traje gris, calvo y con anteojos: no un galán de cine. Pero lo más importante fue su canto, lidiando con una tesitura endiabladamente aguda sin problema alguno y moviéndose con seguridad felina. Lilit Tavtyan sono magnífica como la camarera, con voz comunicativa, plena y expresiva. Stephanie Wake-Edwards fue una nodriza protectora, atenta y de bella voz. Por su parte, Andrei Danilov fue el sufriente y muy bien cantado Matteo, atontado por la belleza de Violanta. 

Donald Runnicles se sintió muy cómodo dirigiendo esta partitura, explorando con su excelente orquesta y dando vida al cromatismo reinante, sacando de su orquesta sonidos bellísimos, haciendo ver que Korngold es uno de los compositores que entendió a la perfección cómo suena la voluptuosidad, la sensualidad, la belleza pura. Imperdible. 

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