Noviembre 3, 2026. La imponente Messa da Requiem de Giuseppe Verdi volvió menos de medio año después a Barcelona, pero esta vez para dos veladas sucesivas en el Liceu. Primero parecía que era en homenaje a Pau Casals, pero luego se dedicó a las víctimas del trágico accidente ferroviario de hace pocos días.
Musicalmente sirvió para comprobar el magnífico trabajo de Pablo Assante al frente del coro del Teatro, que llevó a cabo una labor sobresaliente. Lo mismo ocurrió con la orquesta estable, que reafirmó que pasa por muy buen momento. La dirección de Nicola Luisotti, en el trabajo más inspirado que le recuerdo (dirigió sin batuta), cuidó mucho los equilibrios entre los diversos integrantes y en particular a los cantantes, y no descuidó los efectos un tanto “exteriores”, como las dos trompetas en el fondo del primer piso de la sala.
En el cuarteto de solistas, quien más confundió la obra con una ópera fue el tenor Freddie De Tommaso (muy apreciado aquí) que se dedicó a cantar lo más fuerte posible (incluso el ‘Ingemisco’ pareció belicoso), y cuando intentó aligerar el sonido (cantó sin partitura, o sea que la conoce bien) como en ‘Hostias et preces’ los resultados fueron poco bellos por color y afinación.
La soprano Lise Davidsen, en cambio, que por momentos parecía ser dos sopranos en una, tal era su volumen, logró recoger el mismo y nos regaló notas filadas exquisitas, una buena pronunciación (salvo las fatales erres) y una sección final verdaderamente entregada y resuelta a lo grande.
Aigul Akhmetshina resolvió bien el difícil papel de la mezzosoprano y pasó de un correcto ‘Liber scriptus’ inicial a un excelente ‘Lux perpetua’ final. Su dicción requiere alguna mejora.
Christian van Horn, que sustituyó con tiempo a Ildebrando D’Arcangelo, dio buena cuenta de los momentos solistas y en conjunto reservados al bajo, y pese a ser en realidad un bajo-barítono, realizó la mejor actuación que le recuerdo hasta ahora.
El público estuvo muy atento y callado (lástima que al final un grupo exaltado empezó con gritos de ‘bravi’ cuando nadie en el escenario había terminado de reponerse del silencio final. Fueron acallados, pero lograron estropear un momento mágico). La sala ofrecía muy buen aspecto, aunque sin localidades agotadas.


