Febrero 16, 2026. El universo mágico de Benjamin Britten (1913-1976) regresa al Teatro de la Maestranza de Sevilla, después de algo más de dos décadas de aquella función de The Rape of Lucretia en el 2002. Ahora se presenta una de sus obras musicalmente más atractivas: El sueño de una noche de verano.
La significación de Britten como referente universal de la música —y de la ópera en concreto— ha sido aceptada de manera unánime en actualidad. Considerado el mejor estilista que la vida musical inglesa ha podido conocer desde Henry Purcell (1659-1695), descubrió la música permaneciendo a la sombra de Frank Bridge (1879-1941) y pronto destacó como el compositor comprometido contra posiciones intolerantes, utilizando la brillantez de la ópera inglesa como vehículo de expresión.
Trabajando en la tradición de “óperas literarias” del siglo XX (Pelléas et Mélisande, Jenůfa, Salome, Wozzeck), Britten puso muúsica a Shakespeare directamente, palabra por palabra, aunque, con la ayuda de Peter Pears, redujo la obra a unas dimensiones manejables. A Midsummer Night’s Dream sé estrenoó el 11 de junio de 1960 bajo la dirección del propio Britten en el Jubilee Hall, durante el Festival de Aldeburgh, fundado en 1948 por Britten y Pears.
El Teatro de la Maestranza de Sevilla ofreció una versión absolutamente espectacular de la obra de Britten, que el público asistente quiso reconocer, al final, con calurosos aplausos. Impecable, el director franceés Laurent Pelly. Demostró, una vez más, su sentido de la teatralidad, dotando la escena de toda suerte de artilugios sorpresivos: elfos, luciérnagas, hadas voladoras, juegos de espejos, camas que casi se mueven solas…
El trabajo de iluminación de Michel Le Borgne, más que notable, tuvo mucho que ver en el resultado final de la puesta en escena, tan bien resuelta, así como la aportación de Jean-Jacques Delmotte al variopinto vestuario para los distintos personajes.
El apartado musical es una de las cuestiones más peliagudas de esta obra: Britten plantea un lenguaje melódico distinto para cada una de las cuatro diferentes categorías de personajes; los seres sobrenaturales, el cuarteto de amantes, los artesanos rústicos y los duques de Atenas, cada uno con un discurso diferente, una relación de alta tensión entre el foso y el escenario que el director italiano Corrado Rovaris manejó a las mil maravillas. De aplaudir, el excelente trabajo de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla.
Sin duda otro gran beneficiado del buen hacer del músico de Bérgamo fue el coro de la Escolanía de los Palacios a cargo de su directora Aurora Galán, sencillamente impecable, al igual que las cuatro hadas procedentes del Coro del Teatro de la Maestranza, las sopranos Paula Ramírez, Julia Rey, Andrea Carpintero y Kenia Murton.
El rol del tirano Oberon lo desempeñó el contratenor barcelonés Xavier Sabata, que cantó a medio volumen, pero con un buen sonido, mitad dócil, mitad sibilino, propio de su rol ambiguo e inquietante, sacó a relucir el actor que lleva dentro. La soprano madrileña Rocío Pérez fue una Tytania soberbia, de bonito timbre y agudos deslumbrantes, y maravilló también en lo actoral. Firmaron junto a las hadas uno de los momentos más tiernos de la noche, justo al final de la obra: el aria ‘Now the Hungry Lions Roar’, cantando desde el público en perfecta estereofonía.
Ya en el apartado de “los amantes”, el tenor David Portillo fue un Lysander de bonito timbre lírico, y el barítono Joan Martín-Royo, de voz timbrada y buena proyección, cumplió con Demetrius. Las enamoradas estuvieron, igualmente, de maravilla. La mezzo Heather Lowe en el rol de Hermia y la soprano Aoife Miskelly como Helena.
En cuanto a los artesanos atenienses, destacaron el bajo-barítono David Ireland, de voz rocosa y buen fraseo en doble rol de Bottom/Pyramus, así como el tenor Juan Sancho, que demostró gran lirismo en ambos roles de Flute/Thisbe. Cabe mencionar también la aportación del bajo-barítono mexicano Daniel Noyola en el papel de Quince, todo un vozarrón para poner orden.
Tomislav Lavoie (Theseus) y Sian Griffiths (Hippolyta) contribuyeron a un final brillante y disfrutaron de lo lindo, al igual que el público, de la cómica y desgarbada representación, en el último acto, de “Pyramus and Thisbe”. Calurosa mención a la actuaciòn absolutamente brillante de la actriz francesa Charlotte Dumarthery en el papel del duende Puck, personaje mitad inocente mitad amoral, que deambula con agilidad por el lugar donde se desarrolla la acción. Se encargó a su vez de abrir y cerrar la función.



