Febrero 14, 2026. El Teatro Real de Madrid se apuntó un gran triunfo al subir a escena, en versión de concierto, la ópera I masnadieri, uno de los títulos menos representados del catálogo verdiano. Basado en el drama juvenil Los bandidos de Friedrich Schiller, la ópera fue estrenada con gran éxito en 1847 —el mismo año que Macbeth— por encargo de Her Majesty’s Theatre de Londres, bajo la dirección del propio compositor.
A pesar de cierto fervor inicial, no logró entusiasmar en reposiciones posteriores y el título terminó por desaparecer casi por completo de los escenarios. Escasamente programada, la partitura conserva la arquitectura belcantista de recitativos, arias y cabalettas, al tiempo que deja entrever rasgos que caracterizarían las composiciones del Verdi más maduro. Su enredado hilo argumental, dramáticamente poco atractivo y que en ocasiones bordea lo ridículo, gira en torno a dos hermanos enfrentados, el amor traicionado y la lucha entre el idealismo revolucionario y la corrupción.
El reparto reunido para la ocasión fue un auténtico lujo. A cargo de la parte de Amalia, la soprano estadounidense Lisette Oropesa lució una voz lozana, dúctil y luminosa, especialmente idónea para las exigencias belcantistas de la partitura. Sus impecables trinos, su facilidad para afrontar las agilidades y la firmeza de sus sobreagudos desataron la euforia del público, que la obligó a repetir la célebre cabaletta ‘Carlo vive? O caro accento’.
Con este nuevo bis, la cantante consolidó un récord histórico: el de ser la cantante con más bises en su haber en la sala madrileña. En los pasajes de mayor voltaje dramático —como los enfrentamientos con Francesco o el reencuentro con Carlo— su desempeño fue más discreto debido a la carencia de densidad de su voz.
A su lado, el bajo-barítono italiano Nicola Alaimo fue otro de los grandes vencedores de la velada en su caracterización modélica de la parte del siniestro Francesco Moor. Dueño de un canto de noble factura belcantista, su voz suntuosa, gratamente coloreada y de exquisito legato le dio a la noche momentos vocales excepcionales como el aria ‘La sua lampada vitale’, que sirvió de preámbulo a una interpretación que siempre fue en ascenso y que alcanzó su punto culminante en una narración —‘Pareami che sorto da lauto convito’— de gran impacto dramático y concebida con un decir de altri tempi.
Como Carlo, el tenor italiano Piero Pretti hizo gala de una voz clara, luminosa y homogénea que condujo con maestría en una tesitura que nunca le presentó dificultades. Su facilidad en los agudos le permitió llevarse mucha agua a su molino. Completó el cuarteto protagonista el bajo ruso Alexander Vinogradov, quien dio vida a un conde Massimiliano noble y conmovedor, apoyado en un timbre oscuro y de graves cavernosos y sólidos. Su aria ‘Un ignoto, tre lune or saranno’ fue merecidamente celebrada por el público.
Entre los roles secundarios, el tenor español Alejandro del Cerro resolvió con solvencia la parte del chambelán Arminio, mientras que el bajo georgiano Georg Andguladze aportó un interesante material vocal al personaje del pastor Moser. Perfectamente preparado, el coro de la casa, bajo la atenta dirección de José Luis Basso, tuvo un desempeño excepcional, aprovechando al máximo los muchos momentos de lucimiento que le reserva la partitura.
Desde el podio, el maestro italiano Francesco Lanzillotta condujo a la orquesta titular con gran conocimiento estilístico y pulso firme, ofreciendo una lectura equilibrada, dinámica y perfectamente concertada. El público recompensó con prolongadas ovaciones a todos los artistas al término de la representación.



