Septiembre 26, 2026. Tras una rehabilitación integral que requirió la inversión de $153 millones de pesos para lograr mejoras en escenario, acústica, butacas, accesibilidad, camerinos y espacios de ensayo, la reapertura de la Sala Nezahualcóyotl se convirtió este fin de semana en un esperado acontecimiento musical del Centro Cultural Universitario (CCU), al sur de la Ciudad de México.
El programa, ofrecido el sábado 26 y el domingo 27 de septiembre, celebró además un puñado de aniversarios históricos: los 475 años de la Universidad de México, los 90 años de la Orquesta Filarmónica de la UNAM (OFUNAM), el medio siglo de vida de la propia Sala Nezahualcóyotl, los 40 años del CCU y el quinto aniversario del Festival CulturaUNAM.
Aunque la gala sufrió un imprevisto de última hora —la forzada ausencia del violonchelista letón Mischa Maisky, quien no pudo abordar su vuelo de Bruselas a Fráncfort, desde donde se trasladaría a nuestro país, tal como informó CulturaUNAM a través de un comunicado—, la organización alcanzó a enmendar el desafío con la incorporación del tenor sonorense Arturo Chacón-Cruz —quien está en México para participar en la Tosca de Giacomo Puccini que ofrecerá la Ópera de Bellas Artes en días próximos—, aun con la consecuente reestructuración del programa.
Bajo la batuta de su director artístico, el maestro francés Sylvain Gasançon, la OFUNAM dio inicio a la velada con el estreno mundial de la Fanfarria volcánica de la compositora Gabriela Ortiz. Comisionada exprofeso para la ocasión, la pieza dibuja a través de las trompetas y las percusiones un latido de tierra y fuego mexicanos; un comienzo cósmico que engarza con alientos y cuerdas gráciles y sutilmente luminosas, que se encaminan, sin embargo, hacia una marcha implacable y rítmica en busca de identidad, en un engranaje sonoro que por momentos admite atmósferas de John Williams o Maurice Ravel.
Luego de ese arranque orquestal, apareció en escena el tenor Chacón-Cruz para interpretar el aria ‘O figli, o figli miei… Ah, la paterna mano!’ de la ópera Macbeth de Giuseppe Verdi. Como Macduff, el tenor mostró el brillo y la calidez que caracterizan su instrumento, respaldado por un fraseo claro, emocional y de fiel pulso verdiano.
La OFUNAM brindó un soporte digno, aun cuando es evidente su naturaleza sinfónica por encima de la flexibilidad lírica; un matiz que se hizo patente al abordar la versión orquestal de Crisantemi de Puccini, dotada de inflexiones lánguidas y solemnes.
De vuelta con el compositor de Lucca, Chacón-Cruz ofreció la célebre ‘Nessun dorma’ de su título póstumo Turandot, con frescura y fluidez, lejos de saturar el color hacia el drama pesado, pero sin perder expresividad y emoción celebratoria.
El tenor cerró su bloque con un singular arreglo de la clásica canción Granada de Agustín Lara, coloreada con pinceladas sonoras amplias y robustas desde el podio por Gasançon. En cualquier caso, ante la calurosa respuesta del público que asistió al rehabilitado recinto en sintonía festiva, el cantante sonorense dio como propina la infaltable napolitana ‘O sole mio’ de Eduardo di Capua y Giovanni Capurro.
Tras el intermedio, la OFUNAM regresó para ofrecer una lectura solvente y equilibrada de la versión original de cinco movimientos de la Sinfonía núm. 1, Titán, de Gustav Mahler. La ejecución de la orquesta logró empalmar con precisión las secciones para enfatizar o matizar esos amaneceres de la naturaleza que ganan densidad hasta disipar las tormentas y los nubarrones emocionales hacia la claridad final.
Con este par de conciertos, la renovada Sala Nezahualcóyotl demostró que sus espacios rehabilitados quedan listos para continuar albergando la escritura de la historia musical de la máxima casa de estudios, al tiempo que se consolida como corazón palpitante de esa vida cultural universitaria.


