🇪🇸 Un festival de canto en medio de la pandemia

El barítono Samuel Hasselhorn con Ammiel Bushakevitz al piano © Elisenda Canals

Noviembre 5, 2020. Hace años que la Fundación Victoria de los Ángeles lleva a cabo diversas actividades concertísticas y pedagógicas (no solo de canto, también con pianistas acompañantes e incluso ha creado una orquesta que lleva el nombre de la famosa soprano) que convergen en una serie de recitales entre los meses de septiembre y octubre con incluso algunos en los meses posteriores.

Este año el programa fue más reducido de lo habitual (por la pandemia, claro está), pero en cualquier caso saldado con éxito gracias a sus varias actividades. Las inevitables cancelaciones y sustituciones se resolvieron muy bien desde cualquier punto de vista.

Por desgracia, el mayor de los retos (cuatro versiones del Winterreise de Schubert para otras tantas voces y una, incluso, en forma escénica) solo se consiguió mínimamente, dado que la primera —la versión canónica para barítono— fue también la última, pues dos días después entró en vigor la prohibición de público, pese a que los organizadores se habían ya adecuado a adelantar los horarios.

Pude asistir solo a tres de los conciertos, otros dos además del último ya mencionado: verdaderos acontecimientos, por la originalidad y calidad de las interpretaciones: la primera vez —salvo por una anterior presentación en el Liceu— del raro y difícil Diario de un desaparecido de Leoš Janáček, y un concierto de “Canciones para las 24 horas del día”. 

La inauguración del festival de este año fue un proyecto muy personal que presentó por primera vez en público a la excelente soprano Kate Royal y al eficaz pianista Joseph Middleton interpretando canciones, mélodies y Lieder en cinco lenguas, de autores alemanes, franceses, argentinos, ingleses y estadounidenses, conocidos o no, para describir la jornada de una persona cualquiera.

La extraña partitura de Janáček (entre ciclo de Lieder y ópera de cámara, y justamente había algunos elementos de decorado y un tenor principal seguido de una mezzosoprano que representa la gitana que seduce al joven campesino, apartándolo de familia, trabajo y religión, con tres sopranos que cumplen la función de coro) contó con una interpretación sobresaliente de Julius Drake al piano y el tenor Nicky Spence, pero también fueron felices las interpretaciones de la mezzo Helena Resurreiçao (mezzo) y las tres sopranos Mercedes Gancedo, Mireia Tarragó e Irene Mas Salom.

Por lo general los conciertos principales tienen lugar en la sala principal del bellísimo Hospital de Sant Pau (hoy museo protegido por la Unesco dado que se trata de uno de los monumentos principales del modernismo catalán, a caballo entre finales del siglo XIX y principios del XX) y ofrecen asimismo una primera parte —de una media hora, aproximadamente— destinada a la presentación de jóvenes promesas del canto y del piano. 

Sin duda alguna, la más interesante fue el concierto ofrecido por el pianista Eric Varas con obras de Brahms y Liszt, precisamente antes del último concierto aludido que tuvo una ejecución admirable por parte del joven barítono Samuel Hasselhorn y, en sustitución de Malcolm Martineau (ausente por las medidas sanitarias del Reino Unido), otro joven pianista de relieve: Ammiel Bushakevitz. Hizo también su presentación por primera vez en el festival la aplaudida soprano Fatma Said con un programa destinado al “exotismo”, pero no pude asistir. 

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