Gala de ópera con Ramón Vargas y Leticia de Altamirano

Marzo 7, 2026. El sábado pasado tuvimos la oportunidad de disfrutar del arte canoro del célebre tenor Ramón Vargas, esta vez acompañado por la luminosa soprano queretana Leticia de Altamirano en una gala operística que contó con la participación de la Orquesta Solistas de América bajo la dirección huésped del maestro Natanael Espinoza, en el Conjunto Santander de Artes Escénicas de Zapopan, Jalisco.

Con algunos minutos de retraso, el maestro Espinoza ocupó el podio para dirigir con  excelencia la Obertura de Don Giovanni de Wolfgang Amadeus Mozart, espléndida página sinfónica que nos hizo recordar el último montaje de este drama jocoso en el escenario del Teatro Degollado, allá por 1991, con el barítono Ricardo Santín en el rol del libertino Don Juan, las sopranos Violeta Dávalos (Donna Anna) Margarita Pruneda (Donna Elvira) y Lourdes Ambriz (Zerlina), mientras que el tenor tapatío Flavio Becerra encarnó a Don Ottavio y el bajo Stefano Di Peppo fue un gran Leporello. Dirigió a la Orquesta Filarmónica de Jalisco el maestro José Guadalupe Flores. 

De esta misma obra mozartiana, tenor y soprano encarnaron a Don Ottavio y Donna Anna en el dúo del primer acto, cuando descubren que Don Juan ha asesinado al Comendador, padre de la heroína, pasaje nada habitual en las galas de ópera y que ambos cantantes afrontaron con fortaleza y comprensión estilística. Luego la soprano Leticia De Altamirano interpretó el aria de Donna Elvira ‘Mi tradi quell’alma ingrata’, expresando con seguridad y vehemencia los celos y contradicciones de la atormentada dama noble. Nos hubiera gustado un aria de Donna Anna, dado que la soprano posee la rotundez adecuada para ‘Or sai chi l’onore’ y coloratura para ‘Non mi dír’. Asimismo, un volumen orquestal menor hubiera sido óptimo durante toda la gala.

Ramón Vargas interpretó la romanza de Nemorino ‘Una furtiva lagrima’ de L’elisir d’amore con el hermoso timbre característico de su voz, aún incólume, conmovedora línea de canto y un estatismo correcto, libre de exageración. La orquesta acompañó con belcantista complicidad.

La primera parte de la velada concluyó con el dúo entre Adina y Nemorino ‘Caro elisir, sei mio… Esulti pur la barbara’ de la obra citada, compuesta por Gaetano Donizetti hace casi dos siglos. Ambos cantantes se mostraron como peces en el agua en este divertido pasaje en que el tenor logró divertir al público con una actuación desparpajada y sincera, interactuando felizmente con la soprano que también dominó la escena con su canto y expresividad.

Al regreso del intermedio volvió Donizetti a ocupar la sonoridad orquestal con la hermosa introducción al aria de Marcello di Bruges ‘Angelo casto e bel’ de Il duca d’Alba (completada de manera póstuma por el alumno del compositor bergamasco, Matteo Salvi), interpretada bellamente por el tenor. Su comprensión y dominio belcantista impregnaron cada frase.

De Lucia di Lammermoor, Leticia de Altamirano interpretó el aria del primer acto ‘Regnava nel silenzio’ con delicada musicalidad y agudos firmes y seguros. Recordamos a dos grandes sopranos que interpretaron el rol de la sufrida Lucia en décadas anteriores en esta ciudad: Winnifred F. Brown en 1985 y 1990, y Noelle Richardson en el año 2000, junto a Rolando Villazón. Ambas sopranos espléndidas en la representación completa de la ópera. El hermoso dúo ‘Verranno a te’ entre Lucía y Edgardo fue interpretado por Leticia y Ramón en perfecta coordinación, unieron sus voces y sintieron con duelo la despedida, no sin antes unirse en feliz matrimonio.

La Obertura de La forza del destino de Giuseppe Verdi mostró la admirable labor de las secciones de alientos y metales, aunque por momentos las cuerdas se vieron opacadas. Aún así, el maestro Espinoza exhibió notable control en toda la agrupación orquestal.

La soprano Leticia De Altamirano fue una atractiva Margarita en el “Aria de las Joyas” de la ópera Faust de Charles Gounod, pues la sonoridad de su voz fue diáfana y plena en hermosos matices. 

Para cerrar la gala, el maestro Vargas fue un Rodolfo de voz robusta en ‘Quando le sere al placido’ de la ópera Luisa Miller de Verdi, siempre proclive al universo romántico de su personaje.

Las ovaciones no se hicieron esperar y motivaron dos encores: la canción popular ‘Bésame mucho’ de Consuelito Velázquez y el infaltable “Brindis” de La traviata. El buen gusto y la emoción dominaron el escenario ante un público cálido y agradecido gracias a un par de cantantes mexicanos de primera línea en un concierto operístico ejemplar.

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