Marzo 24, 2026. La otra ópera sobre la belleza del festival de primavera de Lyon fue, frente a la belleza masculina y las ambigüedades que despierta, la de uno de los mitos del “eterno femenino”, la heroína de Giacomo Puccini.
Si la presencia del público fue del mismo tipo que en la anterior (mucha concurrencia y buena representación de la juventud), la actitud fue más la “habitual” de los públicos en una ópera “normal”. Si bien no se oyeron celulares, ruidos, toses y cuchicheos, se desataron sospechosamente en los momentos en que no había canto, incluso aunque se tratara del célebre intermezzo de esta gran ópera, el primero de los títulos plenamente conseguidos del compositor de Lucca.
También resultó más “habitual” la presentación escénica. Emma Dante es una magnífica directora de teatro, más discutible cuando se dedica (crecientemente) al teatro lírico y no al de prosa. Aquí, de los cuatro actos, sobre todo el primero, pero también el tercero, fueron plenamente acertados y con detalles muy positivos (magnífico el movimiento del coro en el primero y correcto en el difícil tercero. Fue buena o interesante la caracterización de los secundarios, en especial de Geronte, el anciano admirador de Manon y causante de su fortuna y ruina posterior, que no resultó una caricatura). Tal vez fue demasiado basto en sus reacciones el hermano de Manon, un Lescaut sin nombre, y excelente por todos conceptos las de los dos protagonistas e incluso el estudiante Edmondo.
En los actos pares hubo que sufrir, primero, como “unión” con el anterior y posterior, una serie de obsesiones de la directora, como unos criados vestidos a la siciliana y mujeres en actitud de vestirse (que en el segundo acto arruinan el efecto cuando se levanta finalmente el telón y encontramos a Manon en la misma situación), o las prostitutas que se embarcan con los ojos vendados y así continúan en un cuarto acto donde no habrían debido ni aparecer y nos fastidian hasta el final de la obra.
El director Sesto Quatrini se reveló como una batuta formidable, capaz de concertar y conjuntar en armonía los elementos sutiles y dispersos de la partitura, la intervención del coro y solistas, siempre en perfecta correspondencia con el escenario y sin cubrir jamás a los cantantes. Incluso cuando, como muchos, habría podido descargar trallazos en el intermedio, cuidó el crescendo emocional y el resultado fue óptimo. La orquesta y el coro (esta vez preparado por Benedict Kearns y Guillaume Rault) volvieron a mostrar su buen hacer y seriedad y participación en el resultado positivo de la representación.
La protagonista de Chiara Isotton, en su primer contacto con el personaje, tuvo un merecido éxito por su calidad vocal, la adecuación de sus medios y su timbre a todos los aspectos necesarioscon una técnica notable yun conocimiento de los recursos y las formas de decir de la ópera italiana en este período, que le permitieron dominar desde la exquisitez más o menos auténtica de ‘L’ora o Tirsi’ hasta la melancolía sensual de ‘In quelle trine morbide’ y el desgarro emotivo de ‘Sola, perduta, abbandonata’, pasando por las frases del primer acto y el apasionado dúo de amor del segundo, con una intervención inusualmente relevante en el tercero.
Riccardo Massi fue un Des Grieux apasionado, pero no desbocado, con una buena voz de tenor, aunque algo nasal y agudos un tanto abiertos, pero también hizo una buena figura y obtuvo su buena cuota de aplausos. Omar Montanari cantó y actuó un muy buen Geronte, sin caer en ninguno de los excesos y ridiculeces que frecuentemente acompañan al personaje. Viceversa, el Lescaut de Jerôme Boutillier resultó un tanto violento y demasiado vulgar en su actuación, pero probablemente siguió indicaciones de la dirección de escena. Pero en el canto también cayó en algún momento (y en especial en toda la escena inicial del segundo acto) en una actitud vociferante sin matiz alguno, y sus medios son importantes y podrían dar mejores resultados. Quien necesita tal vez revisar su técnica es Robert Lewis en su Edmondo, muy forzado. En cambio, pese a la brevedad de los papeles, destacaron la Cantante de la mezzo Jenny Anne Flory y el Farolero del miembro del coro, el tenor François Pardailhé.


