Nabucco en Nápoles

Enero 28, 2026. Parece ser época de debuts en roles de importancia, aunque algunos pasen más desapercibidos que otros. Pero en este caso se trata de la primera vez del protagonista (Nabucco) y antagonista (Abigaille), en la fenomenal —aunque juvenil— tercera ópera de Giuseppe Verdi. 

Llegó aquí en una coproducción con Zúrich debida a Andreas Homoki que, cualquiera sea su valor o disvalor, reduce la trama a un conflicto familiar entre padre y dos hijas, haciendo perder de vista todo aspecto político. Como además se sitúa en la época de la creación de la ópera o algo más tarde, donde los hebreos son convertidos, aproximadamente, en trabajadores del siglo XIX que no se sabe lo que hacen en realidad, y Nabucco es un general un tanto maduro, quedan los ricos vestidos de los babilonios, alguna luz importante, y demasiada presencia de los cantantes en escena al pasar de un acto a otro (con una sola pausa en el medio). Pero lo que no dio para mucho en la puesta en escena, se compensó y más con la parte musical.

Dirigió Riccardo Frizza y lo hizo bien en una obra difícil con una dinámica firme y controlada a la que respondió bien la orquesta del Teatro San Carlo, en especial los primeros atriles. Que algunos tiempos fueran quizá demasiado vivaces desde la célebre obertura, entra dentro de las posibilidades de una buena dirección. Muy bien el coro preparado por Fabrizio Cassi, que obtuvo el aplauso de la noche en el famoso y muy sentido (también por el público, que reclamó el bis, aunque no lo obtuvo) ‘Va pensiero’.

El debut en el papel epónimo de Ludovic Tézier se convirtió en otra demostración apoteósica de su calidad como intérprete verdiano, con unos recitativos absolutamente magistrales y un canto de belleza e intención incomparables que culminó, lógicamente, en su gran escena del último acto, donde recibió el mayor aplauso a un solista durante la velada. La figura impone.

Debutó también Marina Rebeka como Abigaille, la hija/esclava. Tal vez demasiado bella para un papel “malvado”, seguramente la soprano no es la voz ideal para la parte por la insistencia en el registro grave, pero fue lo bastante sabia como para no forzar y no abrir mucho las notas (su entrada es tremenda), y su dominio del agudo, sobreagudo y medias voces más que compensaron y nos dieron una muy buena caracterización del rol (además de su presencia casi continua en escena).

El personaje de Zaccaria es sin duda quien más ocasiones solistas tiene y su aria de entrada está entre las más complicadas para un bajo. Michele Pertusi, dechado de musicalidad y técnica, cumplió con creces salvo alguna nota aguda tensa en la profecía del tercer acto y su descenso al grave fue suficiente, además de resultar, como siempre, gran fraseador y artista persuasivo.

Piero Pretti fue un lujo para la parte de Ismaele aunque, con toda lógica, no se vio muy comprometido con la parte. Del mismo modo, Cassandre Berthon se defendió en Fenena para la que, siendo en origen soprano lírico-ligera, carece de graves, y tuvo también una notable interpretación que le requiere mucha presencia en escena.

Los comprimarios estuvieron correctos, en particular la Anna de Caterina Marchesini. El teatro se encontraba lleno, aunque los aplausos no fueron casi nunca ovaciones y no reflejaban los comentarios que se oían. ¿Público demasiado mayor o demasiado viciado?

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