Noviembre 29, 2025. En 1889, Giacomo Puccini asistió en el Teatro Filodrammatici de Milán a una representación de La Tosca del dramaturgo francés Victorien Sardou, con Sarah Bernhardt como protagonista; no hablaba francés, pero la única palabra que entendió fue malheureuse (desdichada), que la protagonista repite varias veces, por lo que quedó impresionado por la fuerza del drama y por la personalidad de la protagonista, que se dijo a sí mismo: ¡Esta debe ser mi nueva ópera!
Tan solo unos meses después, Puccini le pidió a su casa editora Ricordi que obtuviera el permiso de Sardou, porque según él encontraba en Tosca todo lo que requería para el espectáculo y su música. Desde ese momento, y hasta el estreno de la ópera pasaron 11 años, porque Puccini estaba ocupado en otros trabajos, mientras Luigi Illica se encargaba del borrador del libreto, en el que los cinco actos de Sardou se convierten en tres, y los 23 personajes del drama se redujeron a nueve, cosa que Sardou aprobó.
Después de La bohème en 1896 se creó el tándem libretístico de Luigi Illica-Giuseppe Giacosa, que creó Tosca de Puccini, y aunque en la obra de Sardou la trama se enfocaba más en el peso histórico, en la ópera esto se entrelazó de manera ligera con la historia de amor entre Mario Cavaradossi y Floria Tosca, que era la primera dama, una cantante aplaudida, y también una mujer enamorada y celosa. Para equilibrar la pasión de los dos amantes se agregó la tensión dramática del poder, con el golpe de genialidad de Illica, que hizo que el primer acto concluyera con la aparición de Scarpia y el Te Deum.
Estas son algunas anécdotas referentes a esta ópera que se estrenó el 14 de enero de 1900 en el Teatro Costanzi di Roma, y que a la fecha ocupa un lugar entre los cinco títulos más representados a nivel internacional. Tosca de Giacomo Puccini (1858-1924) fue el segundo título ofrecido por el Teatro Comunale di Modena, un recinto con amplia tradición e historia, que se respira en su sala, considerando que, además, desde 2021, adoptó el nombre de Teatro Comunale Pavarotti-Freni (ya desde 2007 se había agregado el apellido de Pavarotti), las dos más grandes celebridades de la lírica nacidas ahí.
Módena se encuentra en la región de Emilia-Romaña, entre dos importantes centros operísticos: Parma y Bolonia, y su teatro ha forjado una importante y notable historia, por los títulos ofrecidos y por los artistas que han pisado su escenario, sin olvidar las vicisitudes que ha atravesado desde su fundación en el siglo XIX para mantenerse en pie, permitiéndose, como títulos de la presente temporada, que contiene un rico balance entre óperas del repertorio tradicional (Verdi, Puccini, Mozart, Rossini y Bizet), con obras de compositores contemporáneos como Aldo Tarabella (1894-1930) y Ermanno Wolf-Ferrari (1876-1948), y rarezas pocas veces vistas en Italia, como Le carnaval del compositor barroco ítalo-francés Jean-Baptiste Lully (1632-1687), además de muchos conciertos sinfónicas, vocales, festivales, conferencias, así como danza y ballet.
En la función que nos ocupa, el aspecto escénico dejó muy buen sabor de boca con el estreno local de una coproducción hecha entre el Teatro de Módena, con el Comunale de Ferrara, estrenado en noviembre del 2024, ideado por el registaGiacomo Andrico con motivo del centenario de la muerte del compositor, con la dirección escénica de Luca Orsini, quien buscó resaltar esa contemporaneidad que la obra continúa teniendo, a ciento veintitrés años de su primera representación en Roma.
Por ello, los movimientos escénicos de los artistas fueron de acuerdo a como se comportarían y reaccionarían personajes de la actualidad en situaciones semejantes de amor, traición y abuso de poder, y lo logró con movimientos naturales pero dramáticos, alejados de la sobreactuación. Las escenografías en cada acto dieron una imagen apegada a los lugares que indica el libreto, incluyendo sutiles detalles, como los frisos en estilo romano en las columnas; la grandeza del interior de la Iglesia de Sant’Andrea della Valle, o la azotea desde el Castel Sant’Angelo, donde es fusilado Cavaradossi y desde donde, de acuerdo con Orsini, Tosca brinca al vacío, no solo para morir sino como un gesto de desafío final. Aunque es sin duda trágico, con ello demuestra el coraje de una mujer que huye a la violencia y afirma su propia libertad.
De acuerdo también a Orsini, la escena debe realizarse en un ambiente oscuro y decadente, que se encargó de crear Tiziano Panichelli con su manejo de las luces y sombras, y con los vestuarios de Rosana Monti, algunos en color verdoso o sepia para los coristas, que en el ‘Te Deum’ dibujaban claroscuros, como los cuadros de ciudades decadentes y en ruinas, y como en este caso, donde la propia ciudad de Roma es protagonista, ya que las campanas de sus iglesias articulan la partitura de Puccini. Además, Orsini quiso dedicar este montaje a todas las mujeres que, teniendo a Tosca como símbolo luminoso de inicios del siglo XX, luchan todos los días con coraje en sus vidas.
La partitura y la orquestación se escucharon con brillo y entusiasmo bajo la lectura del maestro Stefano Ranzani, experimentado director de orquesta con carrera internacional y sensibilidad por este repertorio, con el que convenció y contagió a los músicos de la Orchestra dell’Emilia- Romagna Arturo Toscanini, músicos que poseen oficio y sensibilidad hacia esta música y así lo mostraron.
En el elenco agradó la soprano Diana Lamar por el timbre y fortaleza de soprano dramática que supo modular en los momentos más dramáticos, así como en los más suaves y apacibles que le requiere el papel. Su interpretación de ‘Vissi d’arte’ fue conmovedora, y en su actuación aportó la justa medida actoral, con desesperación y furia, sin incurrir en gestos cargados o superfluos. Su desempeño general puede describirse como exitoso en todos los sentidos. Destacó además que los intérpretes se beneficiaron de la imponente acústica que posee el escenario y que hace al espectador involucrarse en la escena al sentir una cierta cercanía con los cantantes.
Un descubrimiento para mí fue el tenor Paolo Lardizonne, quien personificó a un apasionado y febril Mario Cavaradossi. Entre sus cualidades está una voz amplia, emocionante en su proyección y transmisión de sentimientos, así como calidez y un colorido sonido viril que convenció plenamente en su desempeño.
Por su parte, el barítono eslovaco Dalibor Jenis, no logró meterse de lleno en el personaje de Scarpia. Su voz es amplia y rotunda, pero pareció enfocarse más en la fuerza de la voz, en ocasiones utilizada a manera de resaltar la malicia de su personaje, y su actuación —además de forzada— lució poco convincente.
Divertido y desenvuelto se mostró el barítono romano Roberto Abbondanza como el Sacristán, como despavorido y vivaz estuvo el Spoletta del tenor Aldo Sartori. El resto de los cantantes cumplieron adecuadamente con sus partes: el barítono japonés Tamon Inoue, el bajo Luca Marcheselli como el Carcelero y la soprano Silvia Delinge como el Pastor.
Bien estuvieron también el Coro Lírico de Módena, que dirige Giovanni Farina, y el coro de niños Voci bianche del Teatro Comunale de Módena, a cargo de Paolo Gattolin. Al final, mucho entusiasmo de un público que tiene aprecio por el buen trabajo de su teatro, que por lo visto cumple también su función social, como punto de encuentro en el que muchos de los asistentes se conocen.



