Enero 15, 2026. En esta esperada reposición de Tristan und Isolde de Richard Wagner, hubo una doble distribución para los dos papeles principales, probablemente debido a los varios días de descanso para los protagonistas (y en especial la protagonista) del primero, del que me ocuparé próximamente.
En este caso se trató de la pareja formada por Elena Pankratova y Bryan Register. Ella se mostró en extremo cuidadosa, algo a lo que no estaba yo acostumbrado, no sé si por prudencia personal, por la circunstancia concreta a la que aludiré luego, o por deseo de la directora de orquesta; su notable volumen apareció poco. El caso es que, con todas las notas (ya sabemos que la final juega malas pasadas incluso a grandes nombres especialistas) y algún olvido, no obtuvo el éxito de otras veces.
El tenor fue anunciado como saliendo de un problema de salud. Si bien salvó la función, no sé si personalmente le ha convenido. En un debut en la casa en un papel de esta exigencia, fue claro que resultó correcto en el primer acto, poco lucido en el segundo, y muy precario en el tercero, con una voz que iba perdiendo timbre y audibilidad a medida que pasaba el tiempo. Como artistas, ambos estuvieron discretos.
El resto del reparto fue el mismo para todas las funciones. Destacaría en particular el Kurwenal de Tomasz Konieckzny en un papel que parece venirle como anillo al dedo. Quizás en exceso rudo como canto y escena en el primer acto, estuvo magnífico en el tercero.
La Brangäne de Ekaterina Gubanova (que sustituyó ya hace tiempo a Irène Theorin, que debía debutar en el papel) resultó buena pero algo exigida en las notas altas, donde volumen y timbre cambiaron un tanto y, sobre todo, en su gran momento del segundo acto, se insinuaba un exceso de vibrato. Buena intérprete.
Brindley Sherratt tuvo su cuota de agudos fijos y alguno gritado, pero compuso un Marke atendible. Estuvieron bien los locales Roger Padullés (Melot) y Albert Casals (en el doble papel del marinero del primer acto y el pastor del tercero) y discreto Milan Perisic como un Timonel.
Lo mejor de la función fue la actuación de la maestra Susanna Mälkki, que se enfrentaba por primera vez con la obra y obtuvo una excelente respuesta de la orquesta. Como interpretación, tras un preludio demasiado “interior”, tuvo una muy buena actuación, con su mejor momento en el inicio del tercer acto. Bien el coro en su breve intervención, siempre preparado por Pablo Assante.
Aunque hace ocho o nueve años se había propuesto un nuevo espectáculo en coproducción, esta vez –seguramente para hacer un triple debut con el de Lise Davidsen en Isolda y Mälkki en la dirección— hubo un nuevo montaje (sin coproducción) dirigido por Bárbara Lluch que, si no molestó, resultó minimalista (que no me parece un error), pero incoherente. El último acto pareció más bien simbólico con un enorme espejo en lo alto y figuras que giraban en torno al moribundo Tristan y representaban al mismo en buen estado físico degollando caballeros, mientras que en el primero aparecían los padres de Isolda sentados a una mesa en cuyo centro descansaba la cabeza de Morold, pero era también el interior de la nave y luego su exterior en el que los marineros jugaban con ella a la pelota.
En general, el que hizo menos daño fue el segundo acto, con una especie de cobertizo que cerraba muy bien la escena más muchas estrellas y algún otro aderezo típico de los filmes de Hollywood de los años 40 del pasado siglo. Al no presentarse a saludar los responsables, no hubo reacción alguna del público, como sí pareció ocurrir en la primera función. Por lo demás hubo buena asistencia y moderado entusiasmo, levemente mayor al final y en particular ante la aparición de Susanna Mälkki.



