Jakub Józef Orlinski en Barcelona

Enero 11, 2021. Un día después de Joyce Di Donato se presentaba en el Palacio de la Música, el contratenor polaco Jakub Józef Orlinski con el conjunto Il Giardino d’Amore creado y dirigido por el primer violín, Stefan Plewniak (del mismo origen) con interpretciones de su reciente CD Eroe

Tengo que decir, que si esperaba un programa con muchas arias y algunos fragmentos instrumentales de ‘relleno’, esta última parte fue quizá más importante (y seguramente más larga) que la otra no solo en cantidad sino en calidad. Creo que este Giardino d’Amore ha ejecutado un Vivaldi como hacía tiempo que no lo oía en vivo, lleno de vida y calor: los ocho integrantes del conjunto (cuatro damas y cuatro caballeros) se veían encantados de tocar y demostraban conocer y amar su oficio y repertorio incluso en las miradas que se dirigían, y en el caso de Plewniak, con una capacidad técnica y estilística asombrosa (un legato perfecto y sonidos en piano impalpables era tal vez lo que más se admiraba, sin desdeñar los forte y los ataques justos) sin que esto se lograra en detrimento de la expresividad y el entusiasmo en la interpretación (solo a modo de ejemplo bastará con citar los dos fragmentos del concierto para violín ‘Gran Mogul’. RV 208).

El contratenor es muy joven y simpático, muy desenvuelto de modo natural, y él también expresaba en sus gestos y palabras su alegría por volver a hacer música en vivo ante un público (más numeroso que el día anterior y también más caluroso). Como intérprete es preciso y canta bien, pero la voz no tiene nada de especial y recuerda a muchos cantantes de su cuerda de generaciones anteriores o incluso actuales ya que, tratándose de la más artificial de todas las voces, es frecuente que el registro agudo no tenga nada en común en volumen y color con el grave, que aquí resulta más natural (aunque tienda a abrirse en especial al final de las frases). Las agilidades son aplicadas pero carecen de audacia y espectacularidad y los adornos son discretos (el trino se le resiste bastante aun). Nada para enloquecer, pues, pero tampoco para arrancarse en comparaciones negativas con alguna gloria local que en todo caso tiene más lagunas y más evidentes.

Resulta así natural que las arias más intimistas o melancólicas sean más congeniales a esta voz que las de furor o excitación, y es lógico que el único héroe de Vivaldi elegido en el programa (‘Sento in seno’, del Giustino, y también el último bis, ‘Vedrò con mio diletto’, de la misma ópera) haya sido el más perfecto, así como (el primero de los bises) la célebre ‘Dove sei amato bene’ (de Rodelinda de Händel, el autor más representado en la parte vocal). En cambio, ‘A dispetto di un volto ingrato’ (de Tamerlano), ‘Furibondo spira il vento’ (de Partenope), ‘Agitato da fiere tempeste’ (de Riccardo Primo) y ‘Torna il sol per un momento’ (de Tolomeo, re d’Egitto), parecían más monótonos por los agudos fijos y blanquecinos, la coloratura escolar y poco imaginativa, una respiración no siempre controlada. La demostración más clara provenía de otra aria de Tolomeo, que el cantante explicó antes muy bien, ‘Stille amare’, realmente exquisita, pero que, justamente, respondía a las características mencionadas de nostalgia y tristeza…

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