Enero 30 y 31, 2026. Se trata de una nueva puesta en escena en coproducción con el Maggio Musicale Fiorentino. Es la segunda vez que Andrea Bernard se acerca a este título y tampoco aquí —como antes en los años 50 del pasado siglo— ni argumento ni nombre parecen adecuados.
El psicologismo de madre privada de hijo y atemorizada por el poder religioso es reiterado y no muy convincente, y que en la escena de la venganza final la protagonista aparezca vestida de papa (o papisa) más bien resulta cómico. Tampoco convence la caracterización del duque Alfonso como un perverso flagelante que usa y es usado por la Iglesia (que es lo que representan el coro cuando está con él y sobre todo Rustighello convertido en sacerdote endemoniado). Y el soldado de fortuna Gennaro y sus “alegres amigos” convertidos en estudiantes o intelectuales, menos…
La parte musical resultó considerablemente más afortunada. En el primer reparto sobresalió la protagonista de Jessica Pratt, aunque probablemente su prestación haya sido superior en el prólogo y segundo acto que en el primero, donde su canto pareció adolecer de mayor fuerza y variedad. Artista inteligente y musical, prefirió no recurrir a efectos discutibles y su Lucrezia fue recibida con gran entusiasmo. Si deberíamos elegir un momento, sería su aria de entrada seguida de la cabaletta agregada luego del estreno absoluto. Las variaciones fueron excepcionales.
Matteo De Sole tiene un timbre solar, bellísimo, pero un estilo a veces discutible y sobre todo una técnica en la emisión del canto que no parecen los ideales para el bel canto puro como es este papel de Gennaro. Buen intérprete. El Duque Alfonso es siempre un problema porque un barítono se queda corto en los graves y un bajo en los agudos. Mirco Palazzi lo hizo bien sin destacar particularmente (con oscilación de la entonación al final de la cavatina).
Ana-Victória Pitts fue un buen Orsini, tal vez con un volumen un punto escaso para las escenas de conjunto, pero suficiente para sus dos intervenciones solistas. Del resto de amigos de Gennaro, servidores de Lucrezia y Alfonso, y demás, destacaron Andrea Pellegrini y, sobre todo, un notable Didier Pieri en Rustighello, aunque aquí sea caracterizado como ya mencioné.
Bien el coro preparado por Massimo Fiocchi Malaspina y buena asimismo la labor de la orquesta dirigida por Leonardo Sini que hizo un buen trabajo, aunque personalmente encontré exagerada la dinámica de los conjuntos y los movimientos rápidos.
En el cast alternativo se lucieron sobre todo Alessia Panza, protagonista muy diferente de Pratts por color y volumen, ya que es más bien una soprano spinto, pero muy válida; Valerio Borgioni, un Gennaro de timbre menos bello pero más acabado como cantante que el anterior; y Michela Guerra, excelente Orsini.
La presencia del público en ambas ocasiones parece augurar un nuevo período brillante para el Teatro, sin duda no indiferente a la designación como director general de Andrea Cigni.



